Matías del Sol Stuven, Co fundador de TOL y POCK

​Pensar mejor antes de botar

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Durante años hemos hablado de reciclaje como si fuera la gran respuesta al problema de los residuos. Separamos una botella, un envase o un pedazo de plástico y sentimos que hicimos nuestra parte, pero quizás la pregunta importante ocurre bastante antes del contenedor.


Cuando un material llega a convertirse en residuo, muchas veces ya tomamos varias decisiones antes: qué compramos, cuánto compramos, cómo lo transportamos, cómo lo usamos y qué hacemos con lo que sobra. En la construcción esto es particularmente evidente.


Compramos materiales, los transportamos, los utilizamos y, muchas veces, terminamos pagando nuevamente para retirar aquello que sobró. Es decir, podemos pagar por comprar un recurso, pagar por utilizarlo y volver a pagar para disponerlo.


En TOL llevamos años entrando a las obras para mirar precisamente ese momento. Hoy gestionamos cerca de 6.000 m³ de residuos al mes y, dependiendo de las características de cada proyecto, hemos logrado que entre 17% y 27% de los residuos gestionados no termine en disposición final. Ahí es donde cambia nuestra manera de mirar un contenedor. En vez de preguntarnos solamente cómo sacar el residuo de la obra, nos preguntamos qué hay ahí, cuánto hay, qué puede volver a utilizarse y qué alternativa de valorización existe y a veces aparecen oportunidades que, a primera vista, nadie habría llamado “residuo”.


En el nuevo Hospital Sótero del Río, por ejemplo, estamos trabajando con el hormigón excedente que queda después de las descargas de los camiones. Ese material puede transformarse en elementos que vuelven a la misma obra, como tapas de alcantarillado y otras elementos para la obta.


La lógica es simple: si algo que iba a terminar como residuo puede convertirse nuevamente en un elemento útil para una obra, no solamente estamos evitando disposición final. También estamos aprovechando un material que ya fue producido, transportado y pagado. Eso es lo que hemos aprendido en TOL: el residuo también puede ser información. Nos permite saber cuánto material estamos generando, qué podemos recuperar y dónde existen oportunidades para aprovechar mejor los recursos y cuando esa información se cruza con soluciones concretas, aparecen resultados.


Ese es también el sentido de POCK: tomar determinados residuos que ya no podemos evitar ni reutilizar y convertirlos en nuevos productos. Ya hemos procesado 280.000 kilos de plástico reciclado, transformándolos en bancas, juegos, basureros, puntos limpios, maceteros, señaléticas, mesas, decks y perfiles, entre otras aplicaciones.


El desafío ahora es seguir llevando estos modelos a una escala mayor, porque pensar mejor antes de botar no significa solamente reciclar más, sino más bien medir, tener trazabilidad y encontrar valor antes de que un material pierda esa posibilidad y un buen comienzo es simple: lo que no se mide, difícilmente se puede reducir.


Matías del Sol Stuven, Co fundador de TOL y POCK

europapress