​La IA no explica nuestro desempleo - pero puede agravarlo

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Alfredo barriga 2

Hace unas semanas The Economist publicó un artículo con un título provocador: “El apocalipsis laboral se ha postergado: llegó un boom de empleos de IA”. La evidencia norteamericana desafía a quienes anticipaban que la inteligencia artificial comenzaría inmediatamente a destruir millones de puestos de trabajo. Está ocurriendo algo bastante más complejo: mientras algunas tareas y empleos desaparecen, la revolución de la IA está generando inversiones, nuevas ocupaciones y demanda por capacidades que antes prácticamente no existían.



¿Podemos decir lo mismo en Chile?


Lo dudo.


Nuestro mercado laboral atraviesa una situación preocupante. Chile acumula 43 meses con una tasa de desempleo superior al 8% y el último dato del INE la situó en 9,5%. En doce meses, la fuerza de trabajo aumentó 0,7%, pero el número de ocupados disminuyó 0,2%. Más preocupante todavía: los asalariados formales cayeron 2,4%, mientras la ocupación informal aumentó 1,6%.


Algunos han comenzado a señalar a la inteligencia artificial como una de las explicaciones. Puede que ya esté influyendo en determinadas actividades, pero me cuesta creer que sea una causa importante del desempleo que hoy observamos.


Por una razón bastante sencilla: para que la IA destruya masivamente empleos, primero tendría que haberse incorporado masivamente a los procesos productivos. Y no parece ser lo que ha ocurrido.


Durante tres años intenté vender soluciones de inteligencia artificial a empresas chilenas. Mi experiencia fue exactamente la contraria a un boom. Durante tres años comprobé una paradoja que todavía parece describir bastante bien al mercado chileno: la IA está en la boca de todos, pero en el bolsillo de muy pocos. Mucho interés, muchas conversaciones, pero escasa disposición a invertir y transformar procesos. Naturalmente, una experiencia personal no constituye evidencia estadística. Pero datos recientes apuntan en esa dirección: el primer Índice de Transformación Digital en Inteligencia Artificial, elaborado por Corfo, la Cámara de Comercio de Santiago y PMG sobre 740 empresas, sitúa la madurez nacional en apenas 34 puntos sobre 100. El problema ya no es conocer la tecnología, sino llevarla efectivamente a escala.


Por eso debemos separar dos discusiones.


La primera es qué está causando el actual desempleo chileno. Ahí aparecen bajo crecimiento, debilidad de la inversión, mayores costos laborales, informalidad y una inversión concentrada en actividades poco intensivas en trabajo. Culpar principalmente a la IA puede ser atractivo, pero la evidencia disponible todavía no permite sostenerlo.


La segunda discusión es mucho más importante: ¿qué ocurrirá cuando la IA efectivamente se masifique?


Ahí sí tenemos un problema enorme.


Porque la principal restricción de Chile podría no ser tecnológica sino humana. La IA no reemplazará simplemente trabajadores. Cambiará las habilidades necesarias para desempeñar prácticamente cualquier profesión. Un contador con IA competirá con otro contador. Un abogado con IA, con otro abogado. Un ingeniero, un médico, un profesor o un ejecutivo que sepa trabajar con estas herramientas tendrá una capacidad productiva muy superior a quien no sepa hacerlo.


Durante la campaña presidencial planteé precisamente esta preocupación al equipo del entonces candidato José Antonio Kast: Chile necesitaba anticiparse y preparar masivamente su capital humano para trabajar con inteligencia artificial. No tuve respuesta. Hoy el desafío sigue plenamente vigente.


Se han producido avances. Programas como Hazlo con IA han capacitado a decenas de miles de personas y comienzan a extenderse hacia pymes, funcionarios públicos y docentes. Es un buen comienzo. Pero hay que llegar a millones, no a decenas de miles. Y capacitar no significa simplemente enseñar a utilizar ChatGPT o entregar certificados. Significa transformar procesos de trabajo y lograr aumentos verificables de productividad.


Estados Unidos comienza a descubrir que la IA también puede crear empleos. Chile corre un riesgo diferente: que esos nuevos empleos existan, pero que nuestros trabajadores no tengan las competencias necesarias para ocuparlos.


El apocalipsis laboral quizás haya sido postergado. La reconversión de nuestro capital humano no puede serlo.


Alfredo Barriga Cifuentes

Profesor UDP

Autor de “Presente Acelerado: la Sociedad de la Inteligencia Artificial y el urgente rediseño de la humanidad”

europapress