Un estudio liderado por el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras (IJC) ha demostrado que las variantes genéticas heredadas, presentes desde el nacimiento, ayudan a identificar pacientes con mayor riesgo de desarrollar cánceres hematológicos agresivos relacionados con el tratamiento.
Algunas personas desarrollan cánceres hematológicos agresivos años después de haber recibido quimioterapia o radioterapia para tratar un cáncer previo. Estas enfermedades, conocidas como neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento (t-MN, por sus siglas en inglés), se clasifican actualmente principalmente en función del historial terapéutico del paciente, aunque su evolución clínica puede variar considerablemente de una persona a otra.
En este estudio, publicado en 'Blood Advances', el equipo de investigación analizó los datos genéticos y clínicos de 100 personas diagnosticadas de neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento.
Los resultados mostraron que casi una de cada tres presentaba una variante genética heredada relacionada con una predisposición al cáncer o a enfermedades hematológicas. A partir de estas variantes, fue posible clasificar a los pacientes en tres subgrupos moleculares con características biológicas y evolución clínica diferenciadas.
Las personas portadoras de variantes hereditarias en genes de predisposición al cáncer presentaban con mayor frecuencia alteraciones cromosómicas extensas y alteraciones en el gen TP53, dos características asociadas a un peor pronóstico. En cambio, quienes portaban variantes relacionadas con enfermedades hematológicas, o no presentaban variantes hereditarias detectables, mostraban, por lo general, alteraciones moleculares diferentes y una evolución más favorable.
INTEGRAR EL ESTUDIO DE LA GENÉTICA HEREDADA EN LA EVALUACIÓN CLÍNICA
Estos resultados sugieren que la genética heredada desempeña un papel mucho más importante en las neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento de lo que se había sabido hasta ahora. En lugar de basar la clasificación únicamente en la información sobre la quimioterapia o la radioterapia recibidas previamente, la incorporación del estudio de la genética germinal podría permitir clasificar a los pacientes con mayor precisión y estimar mejor su riesgo.
"Incorporar el estudio genético germinal a la evaluación de estas personas podría mejorar la clasificación de la enfermedad, orientar la toma de decisiones clínicas e identificar tanto a pacientes como a familiares, que podrían beneficiarse de asesoramiento genético, un seguimiento más estrecho o estrategias preventivas antes o después del tratamiento contra el cáncer", ha indicado Julia Mestre, investigadora del IJC y primera autora del estudio.
El estudio también reveló que la exposición a la quimioterapia se asociaba especialmente a una peor evolución en las personas portadoras de variantes hereditarias de predisposición al cáncer. En este grupo, el tratamiento se relacionaba con mayor frecuencia con alteraciones cromosómicas complejas y mutaciones en TP53, lo que ayuda a explicar por qué algunas personas desarrollan formas especialmente agresivas de estas neoplasias.
Según los autores, aunque serán necesarios estudios adicionales antes de que estos hallazgos puedan incorporarse a la práctica clínica habitual, este trabajo proporciona un marco para mejorar el manejo de las personas que desarrollan neoplasias mieloides relacionadas con el tratamiento.
De este modo, integrar el estudio de la genética heredada en la evaluación clínica podría favorecer decisiones terapéuticas más personalizadas, optimizar las estrategias de seguimiento e identificar a pacientes y familiares que podrían beneficiarse de asesoramiento genético y programas de vigilancia.