Desgracia reveladora

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Luis Riveros ok

La desgracia ocurrida en Venezuela a raíz de los recientes terremotos ha puesto en descubierto dos perversidades asociadas con la gestión socialista-bolivariana que se iniciara con Hugo Chavez. Por una parte, el fraude consistente en la entrega de edificios construidos sobre la base de no considerar norma antisísmica alguna, y utilizando elementos constructivos de bajo costo y de materialidad incompatible con las más minimas normas de seguridad antisísmica. Es cierto, hasta ahora Venezuela no era considerado un país sísmico, y eventos del tipo experimentado hace pocos días deben considerarse como excepcionales. Entregados a “beneficiarios” pertenecientes a grupos sociales en cierta desventaja, la entrega de estas viviendas constituyó un acto de innegable populismo, envolviendo la irresponsabilidad que ha puesto en juego la vida de miles de personas de todas las edades. Se había advertido, pero ello cayó en la categorización de un acto político opositor y nunca se emprendió investigación alguna al respecto.


El resultado es la catástrofe que hoy presencia el mundo, en gran medida se advierte que responde a las funestas consecuencias del populismo inspirador de políticas de Estado. En realidad, el grado de destrucción que se observa en Caracas, y algunos de sus entornos más conocidos, no tienen parangón con lo que se observa como resultado de terremotos de similar magnitud en otras partes del mundo. En Chile, por ejemplo, como producto del terremoto del año 2010, hubo también una gran destrucción pero las edificaciones mayores se mantuvieron en pie, señalándose como excepción el colapso de un edificio en Concepción precisamente por sus defectos constructivos. Por lo demás, de este poderoso evento, grado 8.8, se alcanzó a poco más de 525 mil víctimas fatales, considerando además a las víctimas del subsecuente maremoto que afectó a todo el sur de Chile, una cifra que, sin embargo, no compara con los miles hasta ahora contabilizados en Caracas. O sea, el tema de las defectuosas construcciones es, en gran medida, responsable por las desgracias que hoy todo el mundo lamenta.


Pero también se agrega a la calamidad ya ocurrida, los graves problemas derivados de la ausencia en Venezuela de un estado sólido y bien organizado, con prioridades claramente establecidas. Contrariamente, el terremoto de 1967 que también afectó gravemente a Caracas, mostró la capacidad de respuesta de un Estado con buena organización para responder a la emergencia. Hoy día, por contraste, se observa desorganización y baja capacidad de respuesta. Por cierto, mucho de esta incapacidad se deriva de la crítica situación económica prevaleciente desde hace algunos años en Venezuela. Pero también prevalece una falta de adecuada coordinación y de claridad respecto del objetivo primero e irrenunciable de rescatar el mayor número de víctimas posible. Como ha planteado la Lic. Cristina Fiol, profesora de UNIMAR, hoy ser observa descoordinación, ausencia de una organización ante la emergencia, y nulo establecimiento de prioridades en muchos servicios públicos y las fuerzas armadas. La prensa ha revelado las múltiples dificultades para efectuar su trabajo de los equipos de ayuda y rescate venidos de otras partes del mundo. El énfasis sigue estando en el control frente a una supuesta arremetida e infiltración desde el exterior, que hace mirar con desconfianza a los que han acudido a ayudar en estas horas trágicas. La televisión nos trae imágenes de soldados armados vigilando a grupos de rescatistas que afanosamente escarban escombros para buscar sobreviviente. Imagen nítida de la falta de prioridades y de la existencia de un sentido de la seguridad que hace que las fuerzas militares no estén en labores de rescate sino de vigilancia sobre un presunto accionar de infiltrados extranjeros. 


Un estado fallido y el engaño que envuelven medidas populistas son las principales revelaciones que ha puesto en descubierto el fatal terremoto en Venezuela. Hay lecciones de política pública que siempre pueden extraerse de estas desgracias naturales. Es de esperar que Venezuela pueda redibujar un mejor futuro considerando ahora lo aprendido, y que ello sirva para mitigar el dolor que hoy experimenta.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

europapress