Una tendencia al alza muestran los casos de cáncer infantil entre los años 2000 a 2023. Durante este período, la leucemia linfoide se impuso como la subcategoría oncológica con mayor prevalencia pediátrica en el país. Así lo expuso la cuarta edición del informe elaborado por el Registro Nacional del Cáncer Infantil (RENCI), organismo dependiente del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud.
En este grupo, la leucemia linfoblástica aguda (LLA) es la forma más común, además de ser una de las principales causas de mortalidad infantil según la revista médica BMC Pediatrics En términos sencillos la enfermedad se origina en la médula ósea, cuando se altera la producción normal de células sanguíneas, provocando infecciones, anemia y sangrados frecuentes
Uno de los principales desafíos en oncología es evitar las recaídas. En este contexto, el tratamiento con anticuerpos monoclonales de última generación, como la inmunoterapia con blinatumomab, ayuda al sistema inmunitario a reconocer y atacar las células cancerosas. Además, ha aumentado significativamente las posibilidades de alcanzar la remisión, un estado en el que no se detectan signos de cáncer en los exámenes.
De acuerdo con el catastro más reciente del Minsal, aproximadamente entre el 81,1% y el 81,5% de los menores de 15 años diagnosticados con algún tipo de cáncer cuentan con previsión del Fondo Nacional de Salud (Fonasa). Frente a esta realidad, oncólogos subrayan la importancia de facilitar el acceso a inmunoterapias innovadoras en fases tempranas para así evitar recaídas en el paciente.
Álvaro Cabrera, responsable de la Clínica de Leucemias Agudas del Hospital Regional de Alta Especialidad de México, explica que su país vivió una situación similar, cuando el uso de anticuerpos monoclonales de última generación se reservaba principalmente para pacientes refractarios o en recaída.
“Evitar las recaídas es la estrategia más adecuada. En este sentido, el uso temprano de esquemas terapéuticos de última generación puede disminuir hospitalizaciones prolongadas y procedimientos de alta complejidad, mejorando la calidad de vida del paciente y optimizando los presupuestos de salud”, afirma.
Por su parte, el doctor Jorman Flores, hematólogo de la Red de Salud UC Christus y presidente del Grupo Chileno de Leucemia Linfoblástica Aguda, explica que “históricamente, este cáncer se ha tratado con esquemas basados en quimioterapia, estrategia que si bien ha arrojado buenos resultados en pacientes pediátricos, los ha expuesto a altos niveles de toxicidad. De ahí la necesidad de migrar hacia terapias cada vez más dirigidas, con un mejor perfil de seguridad y mayores índices de eficacia”.
Para el doctor Scott Howard, médico del Instituto de Cancerología de Erevan, la pertinencia de incorporar alternativas terapéuticas de vanguardia desde un inicio radica en el índice de sobrevida, que está dado por el tiempo que vive una persona después de haber iniciado un tratamiento oncológico.
"Entre la cura y la recaída hay un gran trecho de distancia. El desarrollo de nuevas terapias busca ampliar la posibilidades de vivir en vez de recaer, y este tipo de inmunoterapias podría aumentar la curva de sobrevida en un 10% adicional en niños de 2 a 15 años y un 25% en adultos”, enfatiza el oncólogo.
La leucemia linfoblástica aguda es especialmente compleja porque sus primeros síntomas suelen confundirse con cuadros comunes de la infancia. Entre las señales de alerta que no deben ignorarse figuran la fiebre persistente de difícil manejo, los cambios o fluctuaciones en los niveles de energía del menor sin causa aparente, y la aparición de moretones en el cuerpo sin haber sufrido golpes previos. Ante cualquiera de estas manifestaciones, se recomienda consultar con un médico especialista.
Detectar la enfermedad a tiempo e incorporar terapias innovadoras desde etapas tempranas puede cambiar radicalmente el pronóstico y la calidad de vida de niños y adolescentes con leucemia.