Sr. Director,
"Escuela de Injeniería" dice en letras capitales el edificio de la avenida Beauchef, recuerdo del hispanista Andrés Bello, primer rector de la Universidad de Chile, quien soñó con una ortografía fonética para América. La idea no prosperó: los hablantes simplemente no la asimilaron.
Esa es la gran lección de la ortografía chilena: el uso no se impone por decreto. Por eso resulta preocupante que la Cámara de Diputados acabe de aprobar una resolución que pide al presidente ordenar "por decreto el correcto uso del idioma castellano" y eliminar el lenguaje inclusivo en los servicios públicos. El error es el mismo, solo que en sentido inverso: tan equivocado es imponer un uso nuevo como prohibir uno que surge espontáneamente.
La RAE abandonó su mirada prescriptiva por una descriptiva, pero seguimos tratándola -y ahora al Congreso- como un senado del idioma. Estas discusiones revelan más los constructos ideológicos de quienes las plantean que el habla real de las personas. Los lingüistas hace tiempo despejaron el punto: la lengua se rige por la autonomía de sus hablantes, no por resoluciones parlamentarias.
No se trata de relativismo, sino de mesura.
Christian Troncoso Castillo
Director Pedagogía en Lengua Castellana y Comunicación
Universidad Autónoma de Chile