Sr. Director,
El anuncio del Reino Unido de prohibir el acceso de menores de 16 años a redes sociales da cuenta de que cuando los entornos digitales no ofrecen garantías suficientes, la respuesta pública tiende a moverse hacia restricciones cada vez más severas.
El debate tiene varias dimensiones. Obliga a mirar qué contenidos reciben niños, niñas y adolescentes, cómo operan los algoritmos que capturan su atención, qué tan fácil es la interacción con desconocidos y qué herramientas tienen para comprender un entorno donde se mezclan entretenimiento, influencia, recomendación y mensajes comerciales.
Para la comunicación comercial esto es clave. Frente a audiencias que todavía están formando su criterio, no basta con cumplir formalmente. La comunicación dirigida o expuesta a menores exige estándares reforzados de claridad, transparencia y responsabilidad.
La autorregulación es una primera línea de cuidado que permite anticiparse, elevar prácticas y demostrar que la propia industria puede hacerse cargo de sus impactos. Proteger a los menores en internet no debería consistir sólo en poner candados. Supone construir espacios digitales más seguros, comprensibles y responsables, pero también formar audiencias con mayores herramientas para interpretar lo que ven. Esa tarea no corresponde solo a los padres o la autoridad, también interpela a marcas, plataformas, agencias y a todos quienes participan de la comunicación publicitaria.
Maribel Vidal,
Directora ejecutiva de CONAR