ARGUINEGUÍN (GRAN CANARIA), 11 (de la enviada especial de Europa Press Laura Ramírez)
El Papa León XIV ha llamado a Europa a hacer "examen de conciencia" ante el drama migratorio para que el Mediterráneo y el Atlántico dejen de ser "cementerios sin lápidas" y ha advertido de que la dignidad humana "no tiene pasaporte".
"Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante", ha clamado el Pontífice este jueves durante su visita al muelle de Arguineguín, en Gran Canaria.
Precisamente, este viernes 12 de junio entra en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo que, según ONG como CEAR, Save the Children o Médicos Sin Fronteras, "será desvastador". "Podemos anticipar las inevitables repercusiones médica de un mayor número de personas atrapadas, detenidas y privadas de seguridad y protección en toda Europa, tanto en el mar como en países no pertenecientes a la UE", advirtieron recientemente. Un total de 13 entidades han exigido este jueves al Gobierno español transparencia en la aplicación del pacto.
En el acto, celebrado en el mismo "muelle de la vergüenza" --en referencia al campamento con miles de inmigrantes que se formó en el recinto portuario de Arguineguín donde pernoctaron hacinados durante el verano del año 2020--, el Pontífice ha estado acompañado del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Al mismo tiempo, León XIV ha advertido de que "la dignidad humana no tiene pasaporte". "No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera", ha remarcado.
Asimismo, ha advertido a la Iglesia de que "no puede desentenderse" de la realidad de las personas migrantes que intentan llegar a las costas en pateras.
"La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas", ha insistido, añadiendo que la acogida del migrante "no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios". "No podemos luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras", ha exclamado.
Además, ha pedido empatía y ha apuntado que solo cuando el migrante deja de ser "una categoría y una cifra", cuando se comprende que a cualquiera podría tocarle ser esa persona migrante, solo entonces, "la conciencia se queda sin excusas".
En concreto, se ha referido al drama migratorio en El Hierro, "esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad" que "ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco".
También ha puesto en valor el trabajo de Cáritas y de Salvamento Marítimo, dando las gracias "a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento", y ha subrayado la importancia de comenzar por "gestos pequeños", con "unas cuantas galletas y un poco de leche" o estando presentes "allí donde los recursos no bastan y no hay un idioma común".
A su vez, ha advertido de las "mafias", las cuales ha definido como "industrias de muerte". "No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son 'cantos de sirenas', son industrias de muerte", ha aseverado.
Además, ha condenado la trata de personas, advirtiendo de que "nadie puede comprar, vender, usar o descartar" a ninguna persona.
"Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable", ha remarcado.
Por todo ello, ha hecho un llamamiento a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas --autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales--, y a las comunidades cristianas y demás tradiciones religiosas.
"No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?", ha planteado
Asimismo, ha recalcado que las personas migrantes "no son números ni expedientes" y ha defendido su derecho a "no tener que migrar", a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños".
León XIV ha pedido "vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra".