El desempleo es más que un indicador cuantitativo referido al desempeño económico global y su resultante en el mercado del trabajo. Muestra la situación social que despliega la actividad económica, la cual, cuando es deficitaria, resulta en desempleo alto y persistente. Fuente de justificable descontento, la desocupación refleja de modo indirecto las condiciones de vida de las familias, deterioradas a partir de la carencia de empleo e ingresos. Es decir, la ausencia de ingresos, o el déficit significativo de ingreso familiar, lleva a condiciones de pobreza que son, a menudo, duraderas. Lo que es más: estudios sugieren que la misma situación de desempleo lleva también a una mayor duración de este, puesto que la desocupación se constituye en un cierto mal antecedente laboral. Por eso un nivel de desempleo alto y persistente constituye una preocupación central y debe ser un aspecto que amerite especial tratamiento en la política económica. Cuando la discusión política y el accionar de la política económica se aleja de este objetivo, se está realmente jugando con el fuego de un profundo descontento.
La tasa de desempleo del trimestre Febrero - Abril escaló a 9.1%, constituyendo el mayor nivel observado desde el año 2021. En el caso de las mujeres la desocupación alcanzó 10.5%. Más grave aún: en el caso de los jóvenes la desocupación alcanzó 22.8% y en el caso de las mujeres jóvenes la cifra fue de un 28.1%. Cifras todas verdaderamente preocupantes, especialmente al hacerse notar que la desocupación se ha mantenido en niveles inaceptablemente altos, esto es por encima de un 8%, durante los últimos 40 meses. Muchos atribuyen el alto desempleo a temas como la adopción de tecnologías “ahorradoras de mano de obra”. Otros señalan la instauración de la PGU, puesto que muchos beneficiarios habrían dejado su ocupación regular para acogerse al beneficio; otros sostienen que la gratuidad de los estudios en la educación superior también ha actuado como una razón de abandono de las ocupaciones para entrar al mundo de los desempleados. Siendo todas estas razones plausibles, es importante destacar que no parecen suficientes para explicar el estancamiento del alto desempleo. Es por seguro que una explicación más consistente con la persistencia de este problema es la débil actividad económica del país.
En efecto, Chile ha venido creciendo muy por debajo de su potencial. De hecho, el IMACEC del primer trimestre adquirió una tasa negativa, que fue aún mucho mayor en abril cuando el IMACEC retrocedió un 1.2%. El factor de mayor incidencia en esta caída fue el retroceso en la producción minera de casi 12%, especialmente arrastrada por la producción de cobre, principalmente por parte de CODELCO. Si el factor producción (e inversión) ha tenido gran incidencia en el nivel adquirido por la persistente tasa de desempleo, también lo son las reformas que, con ánimo populista, se impusieron en los últimos años y que elevaron el costo del empleo. Este factor se minimizó en las discusiones sobre incremento del salario mínimo, la instauración de las 40 horas semanales y la reforma de pensiones medidas todas que se implantaron con gran decisión, pero ignorando las advertencias desde el mundo académico sobre los adversos resultados en materia ocupacional.
El desempleo estructural o de largo plazo para Chile se estimó hace algunos años atrás en alrededor de 6% de la fuerza de trabajo. El esfuerzo de la política económica debe apuntar a alcanzar ese nivel compatible con un mayor estándar de bienestar social. Para ello es necesario apuntar a los factores subyacentes que determinan un nivel de desocupación incompatible con un deseable objetivo social. En ese sentido, apuntar a políticas que incentiven la inversión y el crecimiento son indispensables, como correctamente lo postula el proyecto de reconstrucción nacional que actualmente se discute. El país espera un debate serio sobre esta iniciativa, observando la realidad humana resultante del pobre desempeño económico, lejos de ideologismos reconocidamente trillados.
Prof. Luis A. Riveros
Emérito Universidad de Chile