En la sesión de política monetaria N° 319, celebrada el 26 y 27 de enero pasado, el Consejo del Banco Central, integrado por la presidenta del organismo, Rosanna Costa Costa; el Vicepresidente Alberto Naudon Dell’Oro, y los consejeros Luis Felipe Céspedes Cifuentes, Claudio Soto Gamboa y Kevin Cowan Logan, votaron por mantener la Tasa de olítica Monetaria (TPM) en 4,5%.
De acuerdo a la minuta de tal reunión, publicada este miércoles por el ente emisor, "todos los Consejeros coincidieron en que, dado el estado actual de la economía —con una brecha prácticamente cerrada, una inflación cercana en la meta y sin riesgos relevantes para los precios en el corto plazo—, la Tasa de Política Monetaria (TPM) debía converger al punto medio de su rango de valores neutrales. En consecuencia, las opciones plausibles para esta Reunión eran: (i) mantener la TPM en 4,5% o (ii) reducirla en 25 puntos base, hasta 4,25%."
Respecto de la opción de reducir la TPM, señala el escrito, "varios Consejeros señalaron que el ajuste en las perspectivas de inflación de corto plazo podía constituir un fundamento relevante para esta decisión, en caso de que se buscara mantener un impulso monetario real similar al previsto en el IPoM de diciembre. Aclararon, sin embargo, que este ajuste no implicaba un cambio en el escenario de política monetaria descrito en dicho Informe, sino solo un ajuste en el momento en que la TPM convergería al centro del rango neutral. Un Consejero otorgó menos peso a este argumento, mencionando que el marco de política monetaria no contemplaba ajustes significativos en la trayectoria de tasas cuando se trataba de efectos de corto plazo, de baja persistencia y que no afectaban la convergencia de la inflación a la meta en el mediano plazo."
Varios Consejeros consideraron, además, "que la decisión de esta Reunión estaba marcada de manera importante por factores tácticos y consideraciones de gestión de riesgos. En cuanto a lo primero, dada la comunicación previa del Consejo, el consenso de mercado anticipaba una mantención de la TPM. Una decisión distinta podía inducir mayor volatilidad en los mercados financieros y afectar la predictibilidad de la política monetaria. En cuanto a los riesgos, si bien las proyecciones de corto plazo apuntaban a una inflación menor que la prevista en diciembre, existían factores que podían sesgarla al alza en el mediano plazo. Uno de ellos era la posibilidad de un impulso adicional al crecimiento de mediano plazo, debido a la mejora en varios fundamentos. En contraposición, se mantenían las dudas sobre la persistencia del aumento reciente de la productividad y su efecto en la brecha y en las presiones inflacionarias. Estas materias deberían ser analizadas con especial atención en el próximo IPoM".
Antecedentes de la discusión
Hubo acuerdo en que la principal noticia para esta Reunión era la evolución esperada de la inflación local. "En este resultado incidía de manera relevante la evolución de los factores de costos, entre ellos la apreciación cambiaria y el comportamiento de los precios internacionales de los combustibles. En este escenario, era probable que en la primera mitad del año la inflación anual se ubicara por debajo de 3% y de las proyecciones de corto plazo del Informe de Política Monetaria (IPoM) durante varios meses. A mediano plazo, sin embargo, se seguía estimando que la inflación convergería a la meta de 3%, dado que la actividad no mostraba brechas significativas y, más bien, los fundamentos de la economía mejoraban respecto de meses previos. Todo ello ocurría en un contexto en que las expectativas de inflación a dos años plazo permanecían alineadas con la meta de inflación", menciona el acta de la RPM.
En cuanto a la actividad, indica, "se señaló que el Imacec de noviembre había resultado por debajo de lo previsto en el IPoM. No obstante, había elementos relevantes a considerar. Por una parte, la diferencia se explicaba principalmente por elementos de oferta y factores transitorios. Por otra, no se observaban desvíos significativos en los sectores más vinculados a la demanda interna. De este modo, si bien era posible anticipar que el crecimiento de 2025 sería menor que lo proyectado en diciembre, esto sería resultado de factores transitorios y no del hecho que la economía estuviera mostrando una dinámica distinta de la prevista. En línea con esto, los indicadores de corto plazo sugerían un comportamiento del consumo y de la inversión coherente con lo esperado."
Sobre las expectativas de mediano plazo para la actividad y la demanda, la minuta apunta que "estas parecían mejorar, según lo mostraban diversos indicadores, entre ellos distintas encuestas, la evolución de las percepciones de empresas y hogares y el catastro de inversiones. Parte de este mayor impulso provenía del escenario externo, donde se había ido materializando un panorama más favorable, especialmente por la mejora de los términos de intercambio asociada al aumento del precio del cobre. No obstante, al mismo tiempo que el escenario central se tornaba más positivo, también se intensificaban los riesgos debido al aumento de las tensiones geopolíticas e institucionales."
Se cierra la brecha
En la RPM se planteó que "era importante monitorear los efectos que podría tener un potencial mejor desempeño de la productividad. Adicionalmente, se mencionó que las mejores perspectivas para ciertos fundamentos de la inversión podían darle un impulso adicional al PIB potencial en adelante. Respecto de la productividad, se indicó que la evolución de este determinante del PIB potencial se va actualizando con periodicidad, pero que debía considerarse que no era una variable cuya tendencia cambie de forma tan rápida."
Asimismo, se enfatizó la importancia de "monitorear escenarios de excesivo optimismo respecto del potencial desempeño de la economía y de las condiciones externas. Con todo, se subrayó que todos estos elementos debían revisarse con atención en el próximo IPoM, dado que tenían implicancias para las proyecciones de crecimiento, la brecha de actividad y la inflación de mediano plazo."