Sr. Director,
La irrupción de la inteligencia artificial en la publicidad representa uno de los cambios más profundos y acelerados que ha vivido la industria en décadas. Hoy, los avisos pueden generarse en segundos, las imágenes y los videos crearse sin cámaras, y las audiencias segmentarse con una precisión que a veces roza lo invasivo. Frente a este escenario, la pregunta ya no es si debemos regular, sino cómo utilizar esta poderosa herramienta de manera responsable.
El reciente informe del ICAS, el Consejo internacional de publicidad y autorregulación, subraya que la inteligencia artificial ofrece oportunidades extraordinarias para la publicidad: creatividad prácticamente ilimitada, mayor eficiencia en costos y tiempos, y campañas capaces de optimizarse en tiempo real. Sin embargo, este mismo avance tecnológico plantea riesgos éticos y sociales relevantes, como los sesgos en los datos, la pérdida de privacidad, la opacidad de los algoritmos y la proliferación de deepfakes, fenómenos que amenazan con erosionar la confianza en los mensajes y en quienes los emiten.
En este contexto, la autorregulación publicitaria, basada en principios esenciales como ser legal, decente, honesta y veraz, debe adaptarse con urgencia a esta nueva era. Tal como señala el artículo 34° del CChEP, la transparencia respecto del uso de inteligencia artificial, el respeto a la propiedad intelectual, la verificación rigurosa de los contenidos y el compromiso con la diversidad e inclusión no pueden quedar supeditados a legislaciones que suelen llegar tarde frente a la velocidad del cambio tecnológico.
En definitiva, la confianza del consumidor es el activo más valioso de la publicidad. Sin ella, los anuncios se transforman en simple ruido. Apostar por una inteligencia artificial ética y responsable no es solo una opción deseable, sino una condición indispensable para construir un futuro en el que creatividad y tecnología convivan con la dignidad, la transparencia y el respeto por las personas.
Maribel Vidal,
Directora Ejecutiva de CONAR.