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Leonardo Quijarro Santibáñez |
Las fechas en que el mundo cristiano se vuelca a recordar el nacimiento de Jesucristo en Belén se aproximan, y con ello, el término de este año 2023, que, como hemos podido apreciar, solo ha visto la intensificación de los conflictos existentes, como lo es la guerra entre Rusia y Ucrania, o el nacimiento de otros, como la guerra entre el grupo islámico Hamas e Israel, y más recientemente, la aparición, en la arena mundial, de los rebeldes hutís y sus ataques tanto a territorio de Israel como al tráfico marítimo por el mar Rojo.
El cambio climático ha ido mostrando sus efectos en diferentes ámbitos de nuestro que hacer cotidiano, pudiendo, entre otros tantos efectos, ver los causados por la mega sequía que ha impactado gran parte de nuestro territorio en la última década, teniendo el presente año recién un pequeño respiro.
La prensa internacional ha destacado estos últimos días la investigación que están siguiendo los gobiernos de Finlandia y Estonia respecto de los daños sufridos en el mes de octubre por infraestructura submarina que recorre el golfo de Finlandia.
El siglo XXI se ha caracterizado, entre otros aspectos, por la globalización y con ella, el intenso intercambio de bienes y servicios entre economías a través del mundo.
El día de hoy, un portal de defensa publicó que los rebeldes hutís derribaron un vehículo aéreo no tripulado o drone estadunidense sobre el mar Rojo. Si recordamos, pocos días después de los ataques de Hamas a Israel, también se reportaba de ataques con misiles desde Yemen atribuidos al mismo grupo.
Febrero de 2022, con el inicio de las hostilidades entre Rusia y Ucrania, el mundo vio el resurgir de un tipo de conflicto se pensaba era una reminiscencia del siglo pasado, superados con el imperio de la globalización, la transformación digital y la racionalidad del siglo XXI.