IFE advierte restricciones de acceso al crédito de hogares y deterioro de entorno macroeconómico

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El Banco Central publicó este miércoles el Informe de Estabilidad Financiera (IFE) del primer semestre de 2022. Desde el EF anterior, consigna el do cumento, "las condiciones financieras internacionales se han deteriorado en un contexto de alta incertidumbre. La prolongación de la invasión de Rusia a Ucrania, y las cuarentenas masivas en China, han acentuado las presiones inflacionarias, lo que ha llevado a las autoridades a acelerar su proceso de normalización monetaria. Todo esto ha reducido las perspectivas de crecimiento mundial. En el ámbito local, los desequilibrios macroeconómicos acumulados durante el 2021, la incertidumbre política y la menor profundidad del mercado de capitales, especialmente en el largo plazo, no solo han limitado la capacidad de financiamiento de proyectos de mayor plazo —incluida la compra de viviendas— sino que también han reducido las posibilidades de la economía para absorber shocks externos. Hogares y firmas han continuado mostrando un buen comportamiento en el pago de sus deudas, aunque algunos sectores se encuentran más vulnerables al deterioro en las condiciones de financiamiento y en el caso de los primeros se agrega una disminución reciente de los salarios reales. La banca se muestra resiliente y con una adecuada posición de solvencia y liquidez. En este contexto, resalta la importancia de recomponer un fondo estable de ahorros de largo plazo, lo que favorece el financiamiento de proyectos de inversión y facilita la mitigación de turbulencias financieras externas."


Situación del sistema financiero

En el plano externo, indica el ente emisor, "las condiciones financieras y las perspectivas de crecimiento global se han deteriorado de forma importante en el curso de este año. La prolongación de la invasión de Rusia a Ucrania, y las cuarentenas masivas en China han acentuado las presiones a nivel mundial en los precios de materias primas, energía y alimentos, y agravan los cuellos de botella en las cadenas de suministro. Lo anterior, en un contexto de mayor estrechez en el mercado laboral y presiones de demanda, ha llevado a que la inflación haya seguido aumentando a nivel mundial, dando señales de mayor persistencia. Esto ha llevado a los distintos bancos centrales a acelerar su proceso de normalización monetaria. La incertidumbre asociada a los eventos recientes, y particularmente, a la evolución del proceso inflacionario y la respuesta de la política monetaria en EE.UU., sumada a los riesgos del sector corporativo internacional se han traducido en aumentos de la volatilidad financiera y en una mayor probabilidad de correcciones abruptas de los mercados financieros globales. Todo esto ha incrementado los premios por plazo, lo que se ha reflejado en aumentos de las tasas largas en diversas jurisdicciones, cuyos mercados han presentado mayor volatilidad y caídas de liquidez desde mediados del 2021."

A nivel local, remarca la autoridad, "el significativo impulso a la demanda interna en el 2021 generó importantes desequilibrios macroeconómicos, que están siendo enfrentados con una combinación de política macroeconómica más restrictiva. El mayor gasto —producto de las masivas medidas de apoyo a los ingresos— incrementó las presiones inflacionarias. Estas se han agudizado en lo más reciente por los sostenidos problemas de suministro global y la depreciación del peso. Así, la inflación ha llegado a niveles de dos dígitos. La convergencia a la meta inflacionaria en el horizonte de política requiere corregir los desbalances locales, para lo cual es necesario reducir los estímulos macroeconómicos. La política monetaria ha adoptado una posición restrictiva, acorde con este objetivo. Hacia adelante, se espera que la economía presente tasas de crecimiento negativas durante varios trimestres, en un contexto donde las condiciones financieras más restrictivas y la mayor incertidumbre harán que tanto el consumo privado como la inversión se contraigan."


Efectos de los retiros de fondos previsionales

Según advierte el Banco, los retiros de fondos previsionales han reducido la profundidad del mercado de capitales chileno, lo que ha deteriorado las condiciones de financiamiento de mediano y largo plazo, junto con reducir la capacidad de la economía para enfrentar shocks externos. Los retiros provocaron una caída en la demanda de instrumentos de largo plazo que, al no haberse descartado la repetición de medidas similares, ha mantenido alto el riesgo de ventas masivas de activos. Ello implicó un alza de las tasas largas locales y redujo los plazos de la deuda doméstica de bancos, empresas y del Fisco. De hecho, el volumen de nuevas emisiones de deuda por parte de privados ha sido baja en los últimos trimestres, y se ha realizado mayormente en el exterior. Los efectos negativos de estas políticas han sido particularmente visibles tanto en el crédito hipotecario como en el financiamiento del sector corporativo. En este último, se registran importantes aumentos de spreads de los bonos domésticos, especialmente para firmas con menor clasificación crediticia.


Depreciación del peso chileno

En un contexto de alta incertidumbre local, y más recientemente de fortalecimiento global del dólar, se ha producido una depreciación adicional relevante del peso. Ello ha ocurrido con alta volatilidad, que supera significativamente la de otros exportadores de materias primas. La mayor incertidumbre desde el 2020 ha incidido tanto en el tipo de cambio, como en las tasas de interés de largo plazo. La dinámica más reciente de estas variables ha sido influenciada por los movimientos internacionales antes descritos, con volatilidad que se mantiene elevada. Este último fenómeno es particularmente importante en las tasas de interés de largo plazo, que usualmente tendían a permanecer más aisladas de los movimientos externos. Por su parte, el tipo de cambio real se mantiene bastante por sobre sus promedios históricos, proceso que se ha ido acentuando a partir del segundo trimestre de 2021. En este escenario, se han producido salidas de capitales ante una mayor preferencia de los inversionistas locales por activos externos y continúa una alta actividad de apertura de cuentas en dólares.


Situación financiera de las empresas

La situación financiera de las firmas se mantiene estable a nivel agregado, impulsada por el aumento de las ventas y por las políticas de apoyo al crédito del año previo, aunque se observa cierta heterogeneidad en algunos sectores. Al cierre del año pasado, se produjo una recuperación de la rentabilidad de las empresas de mayor tamaño, junto con una disminución de su apalancamiento y un aumento de su liquidez. No obstante, desde mediados del 2021 se observan condiciones financieras más restrictivas en el mercado local de bonos corporativos, donde destacan particularmente las mayores tasas de interés que enfrentan las firmas de menor rating crediticio. En tanto, las empresas que dependen del financiamiento bancario también mejoraron sus ventas durante 2021, a la vez que moderaron su endeudamiento. Esto último continuó durante el 2022, en un entorno de debilitamiento de la demanda por crédito comercial bancario y en que los estándares de otorgamiento se han vuelto cada vez más exigentes. La morosidad de la cartera de créditos comerciales bancarios permanece baja y estable, aunque se ha acelerado el impago entre empresas que reprogramaron deudas durante la pandemia.

En el sector inmobiliario residencial se han reducido las ventas e incrementado la participación de proyectos sin ejecución, esto no ha afectado por el momento la capacidad de pago de las empresas de este sector. Los precios de las viviendas continuaron aumentando a nivel nacional, aunque su ritmo ha disminuido a partir de fines de 2021. El sector no residencial continúa ajustándose a los cambios estructurales —acelerados por la pandemia— en las preferencias por distintos tipos de propiedades.


Hogares 

En lo más reciente, los hogares enfrentan restricciones de acceso al crédito y desafíos frente a un entorno macroeconómico más deteriorado. El aumento del empleo alcanzado en 2021 se ha ido ralentizando desde fines del año pasado, en un contexto en que distintos indicadores dan cuenta de una demanda menos dinámica y una oferta que —con alguna mejoría— sigue acotada. El endeudamiento de los hogares se moderó en los últimos trimestres, en línea con una menor demanda crediticia —relacionada con mayor cautela y la elevada liquidez— y mayores restricciones de acceso a créditos de largo plazo. Las colocaciones hipotecarias experimentaron una desaceleración relevante, pasando de cifras de flujo mensual en torno a 30 millones de UF al tercer trimestre de 2021 a cerca de 16 millones de UF en marzo de este año. Destaca también un incremento de la proporción de créditos hipotecarios otorgados a tasa variable o mixta. En 2022, su participación en los flujos de crédito supera 50% del total, comparado con cifras inferiores a 20% en años previos. Las tasas de morosidad permanecen en mínimos históricos, aunque, en lo más reciente, la cartera de consumo presenta algún aumento del impago. Todo esto ocurre en medio de indicadores de confianza que señalan mayores preocupaciones de las personas ante un entorno económico más desafiante.


La banca

La banca presenta riesgos acotados y niveles de solvencia y liquidez adecuados. Esto ha sido fruto de un comportamiento prudente y de las medidas extraordinarias implementadas por las autoridades financieras durante la pandemia. El crédito se ha debilitado ante una menor demanda y estándares de otorgamiento que se han vuelto más exigentes. La morosidad de las carteras se mantiene en niveles bajos desde una perspectiva histórica. No obstante, los bancos han realizado fuertes aumentos de provisiones adicionales en los segmentos de consumo y comercial, ante la expectativa de que los riesgos regresen a sus niveles pre-pandemia. La solvencia bancaria se ha incrementado, por una reducción de la exposición a sectores más riesgosos y aumentos de capital. Así, las pruebas de estrés muestran que los indicadores de solvencia permanecerían sobre el requerimiento regulatorio, incluso frente a la materialización de escenarios de tensión severos (Grafico 4). En los próximos años, el sector bancario continuará reforzando su base de capital, de acuerdo con el avance de la implementación de Basilea III.


Riesgos y vulnerabilidades

Las principales amenazas externas para la estabilidad financiera local provienen de deterioros abruptos de la liquidez global, de alzas en las tasas de largo plazo o de mayores premios por riesgo para economías emergentes. Eventos como una reacción de política monetaria de la Fed más rápida que lo previsto; un escalamiento de las tensiones derivadas de la invasión rusa en Ucrania; deterioros adicionales en el sector financiero chino o en sus perspectivas de crecimiento, agudizarían el escenario. Estos elementos conllevarían fuertes aumentos de tasas y premios por riesgo, más allá de los ya vistos, depreciaciones cambiarias en países emergentes y volatilidad financiera generalizada, contribuyendo a exacerbar la desaceleración de la actividad económica mundial. Condiciones financieras menos favorables, en conjunto con un mayor apalancamiento soberano, afectarían de manera especialmente negativa a países emergentes.

En lo interno, se adiciona el riesgo de que se implementen medidas que profundicen los desequilibrios macroeconómicos acumulados en 2021. La reducción de los estímulos macroeconómicos es fundamental para mitigar el costo del control inflacionario. Así, iniciativas que profundicen los desbalances macroeconómicos o que afecten una adecuada evaluación del riesgo crediticio, dificultarían que esta normalización continúe de manera ordenada e impactan negativamente en las condiciones de financiamiento, junto con incrementar la volatilidad en el mercado financiero chileno.

La materialización de los escenarios de tensión en la deuda en riesgo de hogares y empresas posee un impacto similar al de IEF previos y es coherente con las provisiones acumuladas por la banca, aunque algunos desarrollos requieren ser monitoreados. Los ejercicios de tensión basados en microdatos, que consideran escenarios con fuertes alzas de tasas de interés y caídas relevantes de la actividad económica y del empleo, dan cuenta que los riesgos agregados permanecen estables. No obstante, se observa una mayor sensibilidad en la capacidad de pago de algunos grupos de usuarios de crédito ante deterioros de condiciones de financiamiento (Grafico 5 y 6). En hogares, algunas señales de atención son el mayor uso de créditos rotativos, que generalmente se asocian a individuos de menores ingresos y el deterioro reciente de los salarios reales, ante un aumento de la inflación. Las empresas, en tanto, presentan algunos focos de vulnerabilidad entre aquellas que se financian a plazos más cortos y que refinanciaron deudas durante la pandemia. Una profundización de estos desarrollos podría afectar a las carteras de bancos y oferentes de crédito no bancarios con mayor exposición a estos segmentos.

La pérdida de profundidad ya experimentada por el mercado de capitales local, junto con un entorno más desafiante, resaltan la importancia de no seguir debilitando las fuentes estables de ahorro de largo plazo. Esto cobra relevancia toda vez que la economía global presenta condiciones de financiamiento más estrechas, por las razones ya discutidas. Destaca entonces la necesidad de mantener y reforzar el fondo de ahorro de largo plazo de la economía local, lo cual permitirá robustecer y recomponer al mercado de capitales doméstico para enfrentar un entorno complejo y con alta incertidumbre, tanto local, como externa.


Marco institucional

El marco institucional, regulatorio y de política financiera representa una fortaleza del sistema financiero chileno. Su robustez requiere de escrutinio y una mejora continua en un entorno desafiante. En ese sentido, el Banco y las otras autoridades regulatorias del sistema financiero nacional (Comisión para el Mercado Financiero, Superintendencia de Pensiones y Ministerio de Hacienda) se encuentran trabajando sobre las sugerencias emanadas de una reciente evaluación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Las principales recomendaciones se refieren a la necesidad de robustecer la supervisión integrada de conglomerados financieros y contar con un sistema consolidado de información crediticia. Tanto esta evaluación, como varios IEF, han destacado los beneficios de avanzar en esta dimensión. Otras recomendaciones se relacionan con la implementación de un sistema institucional de resolución bancaria, actualizando el esquema de seguro de depósitos. 

En lo referente al campo de acción del Banco Central, se continúa avanzando con la agenda de política financiera para robustecer al mercado local, con iniciativas referidas a sistemas de pagos, la convergencia con estándares internacionales en la regulación de liquidez bancaria y el inicio de la implementación del mecanismo de Requerimiento de Capital Contracíclico. De hecho, previo a la publicación de este Informe, se realizó la primera Reunión de Política Financiera, donde el Consejo del Banco Central de Chile acordó no activar el Requerimiento de Capital Contracíclico.