¿Debates? Presidenciales

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Luis Riveros

El país ha presenciado la confrontación de los candidatos presidenciales en sendos foro ampliamente difundidos. Por supuesto, la idea es digna de encomio, puesto que la ciudadanía debe enterarse de las propuestas que envuelven las distintas opciones y de las diferencias establecidas entre los candidatos y sus ideas. De manera inocente se podría esperar las descripciones de los puntos más sobresalientes de cada programa, de los recursos envueltos y de las perspectivas de concretar efectivamente esas ideas en un plazo determinado. Un debate debiera concentrarse en el diagnóstico de la actual situación del país y de las medidas que se sostienen para enfrentarla proactivamente.

Los problemas están a la vista. Vivimos en un país muy dividido, donde la violencia impera en las calles y en los campos, y donde se ha perdido el tradicional sentido de la tolerancia que debe envolver el debate político y el manejo de las emociones. Esto, que era una virtud en el Chile republicano, hoy día se ve como algo perdido quizás definitivamente, siendo reemplazado por ataques, manifestaciones violentas, descalificaciones y toda suerte de noticias falsas, que se difunden con frivolidad y gran acopio de medios. Este Chile necesitaría un liderazgo capaz de generar encuentro, unidad nacional, y capacidad para contemplarnos como un único espíritu en búsqueda del mejor futuro común. Pero además, Chile está heredando una gran cantidad de problemas económicos que marcarán las posibilidades de llevar a cabo un gobierno efectivo. El país tiene ahora una deuda millonaria que pagar, y una proporción importante del PIB solamente en intereses. Además, la inversión está siendo afectada por expectativas de inestabilidad y poca seguridad hacia el futuro, y con ello se reduce también el potencial de crecimiento del PIB. Entonces, sumado esto a un problema estructural cual es la baja productividad de la economía chilena, nos anticipa un futuro con bajo crecimiento, dominado por un alto gasto público que nunca dará total satisfacción a las ansias privadas por recursos públicos, y así alimentará el desencanto y la confrontación. El país no ha superado las graves fallas estructurales en materia distributiva, ni menos aún en cuanto al excesivo centralismo que nos domina desde hace mucho, problemas a los que se suma una creciente inflación, que perjudica más que nada a los más pobres. La combinación de estos problemas es una mezcla explosiva que deberá manejarse con talento, apertura de ideas y compromiso transversal con el futuro de Chile y las nuevas generaciones.

Los candidatos y candidata, sólo en contadas ocasiones han asumido este escenario para dar marco a sus propuestas programáticas. Por el contrario, han preferido la estrategia de los ataques personales, ni siquiera discrepando de las ideas de otros en forma esencial. Se llega al embate personal, azuzado por medios de comunicación que es esto lo que buscan destacar más pronunciadamente. Reemplazan las propuestas que deben estar asociadas a un programa con una lógica de interrelación, con ideas “sueltas”, que tratan de atraer votos de quienes están dispuestos a ser engañados con frases atractivas. No hay una discusión sobre alternativas programáticas en un escenario tan complejo como el que está viviendo y en el que seguirá debatiéndose nuestro país. Chile merece mucho más, puesto que la decisión que hay que tomar en esta oportunidad es verdaderamente crucial, y amerita plena lucidez en la exposición de ideas y su argumentación lo cual, como ya hemos visto, muchas veces no se explicitan o se presentan de manera distorsionada y hasta cambiante de acuerdo a las audiencias.

La pregunta es porqué la ciudadanía permanece indiferente frente a este escenario que muchos contemplamos con angustia. La respuesta es que los políticos están ahora cosechando lo que han sembrado por años: desproveer al ciudadano de educación en el campo cívico, como también en el terreno de los valores y del correcto análisis de las cosas en materia económica y social. Nada bueno puede fluir de este escenario actual, porque solamente promete continuar con severas fracturas, crecientes desilusiones y progresivo desgaste de nuestra democracia. Los candidatos y candidata presidenciales parecen no tener conciencia de los riesgos que corremos.



Prof. Luis A. Riveros