​Índice global de innovación 2020 – cómo nos fue

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Alfredo barriga 2


Anualmente, la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (WIPO por sus siglas en inglés), en conjunto con INSEAD y Cornell University, publican el Global Innovation Index (GII), que examina 131 países en todo el mundo a través de 80 indicadores, para medir la capacidad para innovar y los resultados de la innovación. Esto, a través de dos subíndices: el subíndice de insumos (examina los aspectos que generan un entorno favorable a la innovación) y el subíndice de producción de la innovación (examina el resultado de la innovación dentro del país). Los subíndices se componen de 7 pilares, los cuales a su vez miden un total de 21 variables. Ambos subíndices tienen el mismo peso. El puntaje del índice final va desde 0 a 100.

Se ha publicado recientemente el informe de 2020. En primer lugar, se ha situado Suiza con un puntaje de 66,08. Chile ha quedado en el puesto 54, con solo 33,86 puntos. Sigue siendo el mejor de América Latina y el Caribe, pero con ese puntaje, nuestra región, de las 7 en que se divide el mundo en el informe, solo está mejor que el África Sub sahariana.

A pesar de las políticas públicas impulsadas; a pesar de los “año de la innovación” promocionados; a pesar de los premios del “Foro para la Innovación” que se hacen cada año, y donde salen casos realmente dignos de aplauso, a pesar de buenas noticias, como que hemos mejorado 22 puestos en el ranking de la variable “I+D” desde el año 2012, la triste realidad es que Chile no sale de la mediocridad. Es más: desde 2012 ha ido empeorando. Ese año, sacó un puntaje de 42,7 y quedó en el puesto 39; el año 2016 bajó al puesto 44 con un puntaje de 38,41, y este año bajamos 10 puestos más con una caída de casi 5 puntos. De los 7 pilares del índice, el informe considera a Chile “débil” en 4: capital humano e I+D (puesto 55 del ranking); infraestructura para la innovación (puesto 51), producción de conocimiento y tecnología (puesto 64), y producción creativa (puesto 61). Los 3 restantes, si bien no son debilidades, no califican para ser considerados fortalezas (entre 38 y 49 del ranking). De las 21 variables, las peores rankeadas son “diseño industrial como % del PGB” (puesto 109), “exportación de servicios TIC” (puesto 100), “importación de servicios TIC” (puesto 95) y “exportación de productos creativos, como porcentaje sobre comercio total” (puesto 88). Todas ellas, variables que están al centro de la innovación.

La innovación es clave para el desarrollo económico de la sociedad del conocimiento en la cual nos hallamos inmersos desde hace tiempo. Me llama poderosamente la atención la nula importancia que se da a este índice por parte del gobierno, de la política, de la academia, de la prensa. El porcentaje del PGB dedicado a I+D se ha mantenido alrededor de 0,3% desde finales del siglo pasado. Quizá el único dato positivo que queda de la lectura del informe es que, si bien Chile no es un país creador de innovaciones, sí es un país consumidor de innovaciones.

Pero eso no es suficiente para adaptar nuestra estructura productiva y nuestra economía a la sociedad del conocimiento. La institucionalidad creada hasta ahora (Ministerio de Ciencia, CNIC, Conycit), los beneficios fiscales a la investigación y desarrollo, la actividad de varios actores privados – que son excepciones - no son suficientes. Si bien la institucionalidad es necesaria, más importante es promover la cultura innovadora. Y esa cultura innovadora debería comenzar por la educación. Y por dejar de castigar social y económicamente el equivocarse. Y por dejar de lado el excesivo conservadurismo de quienes invierten en emprendimientos (algo que he sufrido en carne propia). Y por desarrollar un mercado de capital de riesgo profundo, que no dependa de CORFO para ser atractivo.

A la hora de mirar hacia afuera, deberíamos aprender de Israel, un país pequeño, con pocos recursos naturales, pero que se ha volcado a la industria del conocimiento, y que desde el 2012 está entre los mejores 20 del mundo en innovación.


Alfredo Barriga Cifuentes

Profesor UDP

Autor “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida” (publicado en Amazon)