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Alfredo Barriga |
Durante años, los radiólogos fueron presentados como una de las profesiones más amenazadas por la inteligencia artificial (IA). El razonamiento parecía irrefutable: si una máquina puede analizar imágenes médicas con precisión creciente, la demanda por especialistas humanos debería disminuir.
En la mayoría de las empresas, la conversación sobre inteligencia artificial sigue atrapada entre el entusiasmo tecnológico y el temor a la disrupción laboral. Pero, como advierte The Economist en un artículo publicado el 28 de mayo, este no es un problema de comunicación interna: es un riesgo estratégico. La forma en que los líderes hablan de la IA determina si sus equipos la adoptan, la resisten o simplemente la temen.
Acaba de salir la primera encíclica del Papa León XIV. ¡Y es sobre la IA! Como saben, escribí un libro sobre IA el año pasado (Presente Acelerado: la Sociedad de la Inteligencia Artificial y el Urgente Rediseño de lo Humano, publicado en Amazon.com). También supongo que a estas alturas quienes me leen habrán comprendido que soy y practico el catolicismo. Esta Encíclica por lo tanto es del mayor interés para lo que publico en estas hojas, y quiero compartirlo con los lectores.
La inteligencia artificial suele imaginarse como software, algoritmos y robots. Pero detrás de toda IA existe algo mucho más tangible: gigantescos data centers, redes eléctricas, fibra óptica y enormes cantidades de energía. Y el mundo está entrando en una carrera sin precedentes por construir esa infraestructura.
The Economist había mantenido hasta ahora que el impacto de la IA en el trabajo no sería distinto del que históricamente habían tenido las nuevas tecnologías a lo largo de la historia. Sí, se pierden trabajos, pero no, no se reduce el empleo. Al contrario, la situación de empleo post-adopción tecnológica es mejor que antes.
La inteligencia artificial ya no solo automatiza tareas: empieza a reemplazar procesos mentales. Ese es el riesgo que The Economist describe en un artículo donde habla de la “rendición cognitiva”: el momento en que dejamos de pensar críticamente porque la máquina parece hacerlo mejor, más rápido y con menos esfuerzo.
Chile enfrenta una decisión clave: terminar con la franquicia SENCE por su bajo impacto en productividad, o transformarla para enfrentar el mayor desafío laboral de las próximas décadas. La evidencia es clara en ambos frentes.
Esta norma permite usar obras protegidas sin autorización ni pago solo para extracción, clasificación y análisis estadístico (minería de datos / IA), con un límite: no puede haber “explotación encubierta”. Esto no elimina el derecho de autor, pero introduce una nueva excepción legal (como ya existen muchas en Chile).
En el mundo de la tecnología, las verdaderas disrupciones no siempre llegan con anuncios espectaculares. A veces aparecen en silencio, en forma de capacidades que obligan a replantear supuestos básicos. Eso es lo que hoy comienza a ocurrir con Mythos, un modelo de inteligencia artificial que ha generado inquietud en los círculos de ciberseguridad.
Hace apenas uno o dos años, la IA se consideraba principalmente una herramienta para responder preguntas o agilizar la investigación. Innumerables consultas a través de los rincones más remotos de internet, con demasiadas pestañas abiertas, conllevaban muchos clics, lecturas rápidas y resúmenes, y la IA facilitaba estas tareas. Pero hoy en día, va mucho más allá: desde las aulas hasta los laboratorios científicos, la IA está empezando a funcionar como una verdadera colaboradora, ayudando a las personas a escribir, programar, crear, planificar y resolver problemas de formas totalmente nuevas. Este cambio no se limita a la comodidad o la eficiencia; marca una transformación más profunda en la forma en que se produce el conocimiento, se realiza el trabajo y se crea valor.