“Todas las desgracias del hombre provienen de no hablar claro”, Albert Camus

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Gabriela Clivio

En el año 1981 en Chile, la esperanza de vida al nacer era de 73,04 años para las mujeres y 66,33 años para los hombres, es decir, el promedio era de 69,66 años. Actualmente, y no es casualidad, Chile se ha convertido en el país con la esperanza de vida más alta en Latinoamérica, alcanzando los 80 años (80,04 años para ser exactos en 2018 de acuerdo a datos del Banco Mundial con una esperanza de vida de 82 años las mujeres y 77 años los hombres). En Argentina, país que muchas décadas atrás se comparaba con Canadá o Australia, la esperanza de vida alcanza los 76 años mientras que el promedio global alcanza los 71 años.


Esta mejora en este indicador es consecuencia, entre otros factores del desarrollo de la medicina, los avances tecnológicos, la mayor cobertura de los servicios de salud, las mejores condiciones sociales y culturales y finalmente una mejor calidad de vida de la población. Mientras tanto junto con la mejora en este indicador otro parámetro que también es un indicador del desarrollo es el PIB per cápita a PPP que por cierto pasó de 4.500 dólares en esa época hasta los 25.222 dólares en el año 2018. Primera conclusión: como país no estamos mal.


Como se relaciona la esperanza de vida con las pensiones? Pues de una manera inversamente proporcional si mantenemos el mismo monto ahorrado. La diferencia entre la esperanza de vida y la edad de jubilación es la etapa de la vida que un individuo tendrá que mantenerse con lo que ha ahorrado en su etapa activa (la que por cierto sigue teniendo la misma extensión). Esta discusión se centra en el el ahorro previsional obligatorio o “APO” o su equivalente que es el dinero ahorrado en las AFPs. Si la edad de jubilación no cambia pero los años en la etapa de jubilación se extienden por 14 años, como ha sido el caso en Chile, entonces los mismos ahorros que un individuo aportó a su cuenta individual tienen que financiar más años. En simple: una persona debe vivir por mucho más tiempo con el mismo monto ahorrado por lo tanto su pensión va a terminar siendo bastante menor. Por muy eficiente que sean las AFPs administrando los recursos de terceros, hay que financiar 14 años adicionales de pensión con una tasa de cotización que no se ha modificado desde su creación hasta el año 2019. Segunda conclusión: se debían financiar 14 años adicionales con el mismo monto ahorrado dado por la tasa de cotización del 10%.


Desde que se crearan los multifondos hace 17 años, el fondo tipo A ha entregado una rentabilidad anual promedio cercana al 10% en términos nominales en pesos, mientras que el fondo tipo C, el más parecido al fondo único que existía hasta ese momento, ha entregado una rentabilidad anual cercana al 11% en términos nominales en pesos. Los multifondos hicieron posible que cada cotizante pudiese decidir en que tipo de fondo quería invertir de acuerdo a su perfil de riesgo. Es importante destacar que en estos últimos 17 años, hemos vivido una de las peores crisis financieras de todos los tiempos como fue la crisis sub-prime del año 2008-2009 la que sin duda afectó las inversiones en los mercados desarrollados. Tercera conclusión: en materia de rentabilidad, las AFPs no solo permiten invertir de acuerdo al perfil de riesgo del cotizante sino que han otorgado excelentes rentabilidades permitiendo además una diversificación internacional del portafolio de inversión a la que al que muchos cotizantes no hubiesen podido acceder de otra manera.


No menos importante es la relación entre el sistema financiero y el desarrollo económico de los países ya que, países con mayores ingresos tienen sistemas financieros más profundos. En estudios de corte transversal se ha demostrado que el grado de desarrollo financiero es un importante determinante del crecimiento económico. En la década de los 90s casi el 65% del diferencial de crecimiento entre las dos regiones emergentes (América Latina y Asia) era consecuencia del dispar desarrollo financiero entre ambas regiones. En Chile, estudios han demostrado que más de un 30% del desarrollo financiero ocurrido entre 1981-2001 se debió a la reforma del sistema de pensiones concretamente al DL3.500 que hoy en día algunos legisladores están muy apurados en derogar. Cuarto: Es indudable que el desarrollo del sistema financiero aportó al crecimiento económico pero también es cierto que aún queda terreno por avanzar en el desarrollo del mismo para seguir mejorando nuestro crecimiento económico.



Por último, para mejorar las pensiones, se requiere aportar continuamente a lo largo de la vida útil para lo cual es necesario avanzar en la formalización de los contratos de trabajo junto con la obligación de realizar aportes por parte de los trabajadores independientes. Esto, no depende de la industria de las AFPs y quizás sea una de las piezas más complejas que resolver ya que requiere compromisos de parte de varios actores de la sociedad. Avanzar en mejorar las remuneraciones, reducir la informalidad y la inestabilidad en el mercado del trabajo, aumentar la tasa de ahorro, postergar la edad de jubilación tanto de hombres como de mujeres, e igualar la edad de jubilación entre hombres y mujeres son temas pendientes que no son resorte de las AFPs pero están en el centro del problema de las pensiones. Eliminar el DL3.500 no soluciona ninguno de estos temas, y marcaría un gran retroceso en nuestro camino al desarrollo.


Gabriela Clivio, CFA