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Luis Riveros (columnista)


La ciudad de Santiago, especialmente su centro cívico, luce una grotesca cantidad de rayados, en los que abundan las groserías y las alusiones más inquietantes sobre autoridades e instituciones. Abunda la palabra “muerte” o la acción de “asesinar”, como emblemas de una furia desatada contra la sociedad en su conjunto. Pero llama la atención el grafiti “ACAB” que adorna varios muros de la ciudad de Santiago, y seguramente también en regiones. Se trata de la abreviatura de la expresión en ingles “All Cops Are Bastards”, que identificó a los movimientos anarquistas en Inglaterra. Y llama la atención que eso haya sido adoptado por los movimientos de protesta chilenos, cuando en realidad la mayoría del país difícilmente conoce el idioma inglés, y más de la mitad somos analfabetos funcionales. Este despliegue de cultura internacional obedece, ciertamente, a un afán de imitación del cual nunca han estado exento nuestros jóvenes, pero que en esta oportunidad parece ir más llama de una manifestación simplemente superflua. El anarquismo se ha entronizado en nuestra sociedad de un modo que ahora se hace visible, pero que ha estado oculto durante mucho tiempo. Anarquismo que va más allá de una izquierda tradicional que aspira a imponer sus visiones ideológicas en torno al socialismo y al mayor poder del Estado contra la propiedad privada. Aquí se trata, más bien, de que no haya Estado, y de que la sociedad recupere su libertad abrazando el desorden como una forma peculiar de imponer un cierto orden. Por eso el acuerdo por la paz en torno a elaborar una nueva Constitución, no ha aplacado las manifestaciones de protesta, que atraen singularmente a nuestros jóvenes siempre dispuestos a seguir lo más agresivo en torno a las ansias de cambio social. Ni tampoco, por cierto, los anuncios y decisiones en torno al mejoramiento en el ámbito del gasto social que se estima necesario para restaurar un poco más de justicia. Esto no conforma a la izquierda, pero mucho menos al anarquismo, que desea simplemente aplacar instituciones y funciones que llevan hacia una “normalidad” social la cual parecen rechazar con tanta violencia. Aquí se enfrenta un problema de fondo, porque esta visión del mundo y de la sociedad está contra las ideologías, incluyendo aquellas que propugnan por las reivindicaciones sociales y el reordenamiento institucional para encaminar a Chile hacia el socialismo. Lo que aquí se quiere imponer es una regla de caos, que seguirá siendo un objetivo demandado en las calles y acompañado de atentados contra toda manifestación del capitalismo (léase supermercados, bancos, AFPs, empresas en general) pero también del Estado (léase hospitales, juzgados, oficinas públicas). Y ciertamente Carabineros de Chile, cuyo lema incluye Orden, lo cual se contrapone firmemente a este ideal de lucha social y de clases que estamos presenciando.

Ciertamente, esto amerita un profundo diálogo político y una solución que esté por encima de las pequeñeces del mundo de la política de hoy, por cuya inconsecuencia estamos donde estamos. Mientras se sigue discutiendo sobre si acaso 2/3 es un mínimo necesario para aprobar un norma, o si se el proceso ha de envolver una Asamblea Constituyente o una Asamblea mixta, el país está siendo encaminado al caos por la acción y discurso de quienes quieren avanzar por la vía de destruir todo lo existente. Con la lentitud y distancia con que el mundo político aprecia el cambio necesario, la sociedad está siendo superada por estas ideologías que repiten, a su nivel, los procesos de inicios del siglo XX, cuando el debate constitucional y social y fue aprovechado por un incipiente anarquismo. La diferencia es que en ese entonces, la política asumió con firmeza su trascendente rol republicano y conductor y logró llevar al país hacia una nueva Constitución sentando las bases para un nuevo Pacto Social.

Prof. Luis A. Riveros