Tres Preguntas para el Directorio

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Harald Ruckle (columnista)


Los directorios, como los órganos principales del gobierno corporativo, han estado bajo un creciente escrutinio por parte de las autoridades y de la opinión pública. Se han escrito un sinnúmero de artículos, ensayos académicos y libros, generalmente bastante críticos del desempeño actual e insistiendo en mejores prácticas. La multiplicidad de las tareas y responsabilidades demandadas a estos selectos equipos directivos, ya con mucha carga de trabajo, dificulta ver el bosque entre tantos árboles. A esto se suma la tremenda diversidad de los contextos específicos de cada empresa o institución. Proponemos tres preguntas claves como guía para cualquier directorio que tenga la ambición de cumplir su rol acorde con los tiempos exigentes.

¿Para quién trabajamos? ¿Cuáles son las tareas? ¿Cómo mejoramos?

¿Para quién trabajamos?

No estamos trabajando para nosotros mismos. La gran mayoría de los directores tienen claro este postulado, que tenemos un deber fiduciario. Representamos los intereses de “otros”, aplicando el deber ético y de cuidado. Aquí termina la claridad. ¿Somos agentes de la empresa, de los accionistas o de todos los stakeholders (personas y/o entidades que tienen interés y/o influencia en nuestro quehacer)? ¿Cómo manejamos los conflictos de interés? ¿Por qué existimos, cual es el propósito, y de quién?

¿Cuáles son las tareas?

¿Cómo generamos riqueza y como la protegemos? Para crear riqueza, ¿Sabemos articular la estrategia, en pocas palabras? ¿La propuesta de valor al cliente? ¿Estamos monitoreando tanto las metas operativas como los riesgos reales y potenciales? ¿Estamos produciendo y cuidando los recursos claves, los monetarios, los talentos y los estratégicos, los intangibles? ¿Estamos supervisando el rendimiento de la gerencia general con el apropiado balance entre apoyarla y desafiarla? ¿Vemos el corto y el largo plazo?

¿Cómo mejoramos?

¿Proveemos el direccionamiento y las decisiones necesarias para que la organización pueda focalizarse en la acción? ¿Hay debates reflexivos, asertivos y respetuosos entre nosotros, con las contribuciones de cada uno de los integrantes? ¿La composición del directorio todavía es la adecuada, o faltan algunas competencias y visiones distintas e innovadoras? ¿Tenemos una agenda anual de desarrollo, además del plan para la empresa, para nosotros mismos y la gobernanza que ejercemos? ¿Nos miramos en el espejo?

Para los lectores que se quedaron con gusto a poco de la presente síntesis de preguntas, se recomienda estudiar la “Norma de Carácter General 385”. Este documento de la Superintendencia de Valores y Seguros (hoy CMF), inexplicablemente ha sufrido fuertes cuestionamientos de personeros que deberían apreciarlo; a lo menos como una lista de ideas útiles. Posiblemente se reclame porque “venga del gobierno” y por contener cerca de 100 sugerencias. ¿Quizás sean muchos “arboles” para los soberanos “cuidadores del bosque”?

Por otro lado, a los lectores que estiman que las preguntas son demasiado simplistas con respuestas muy obvias, se recomienda pensar nuevamente.


Harald Ruckle 

Chartered Director del Institute of Directors UK