Juan David Quijano



Juan David Quijano

En mi opinión lo más valioso que Dios nos ha dado es su amor, amor que podemos entregar a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestros padres, amor que podemos compartir con nuestros semejantes e incluso con nuestros enemigos.

Por eso no sería extraño encontrar falsificaciones del amor, que se manifiestan a través de actos que parecen muestras de amor, que incluso contienen partes o componentes propios del amor, pero que podrían confundir y hasta engañar a la opinión pública, a los padres y especialmente a los jóvenes.

Efectivamente no todos queremos decir lo mismo cuando se habla de libertad e incluso se podría pensar que bajo este principio es posible realizar cualquier acto sin que existan límites u obligaciones, sin embargo, la libertad debe garantizar el respeto por la voluntad individual, donde cada individuo debe hacerse responsable de sus actos y de las consecuencias de los mismos.

No da lo mismo en qué creemos o en qué creen nuestros hijos, no es igual conducir nuestras vidas de acuerdo a nuestro limitado criterio y visión o poner a Dios en el centro de nuestras vidas y de nuestras decisiones, no es lo mismo pensar que Navidad es una fiesta más o creer que en esta fecha recordamos el nacimiento de Jesús.

Rindamos nuestras vidas a Dios, invitémosle a entrar en nuestros corazones, pidámosle que nos bendiga con el fruto de su Espíritu Santo, que quite de nosotros todo lo malo, el egoísmo, el rencor, los celos, la ira, la envidia, y cosas semejantes a estas que no permiten que podamos alcanzar la verdadera paz para nuestras vidas.

Los padres somos los primeros responsables de enseñar a nuestros hijos que las metas se consiguen con esfuerzo y que muchas veces lleva años lograr lo que se quiere, pero que existe gran satisfacción cuando eso sucede.