Un detallado catastro realizado por la consultora Colliers identificó un total de 20 islas privadas a la venta actualmente entre Los Lagos y Magallanes, un 25% más que en 2025. Los precios van desde los US$180 mil por pequeños islotes hasta los US$35 millones que se piden por una isla de 44 mil hectáreas en Aysén, y 3 islas fiscales que Bienes Nacionales tiene en su listado de licitaciones futuras.
El catastro detalla que “Aysén y Los Lagos concentran cerca del 45% de las propiedades cada una, mientras que Magallanes representa el 10% restante. Aysén reúne las islas de mayor tamaño y Los Lagos las más pequeñas, accesibles y con mayor precio por hectárea”.
De acuerdo a Rodrigo Suazo, subgerente del Área de Data de Colliers, el aumento de la oferta responde, en parte, a la percepción de que es un buen momento para vender, luego de operaciones como la de isla Guafo, que despertaron el interés por estos territorios.
La isla Virgen, en la Región de Aysén, encabeza las propiedades insulares con los mayores precios de publicación en el mercado chileno. Con cerca de 44.000 hectáreas, se ofrece en US$35 millones. Le sigue isla San Pedro, en Chiloé, de unas 6.000 hectáreas, valorizada en aproximadamente US$12 millones. Entre otras propiedades figuran isla García, en Aysén, con 4.200 hectáreas y un precio de US$4,2 millones; isla Diego Portales, cerca de Puerto Natales, por unos US$3 millones; e isla Lacao, en Chiloé, de 84 hectáreas, por cerca de US$2,1 millones. También aparecen isla Imelev, de 32 hectáreas, por aproximadamente US$1,9 millones, e isla Las Bandurrias, de cinco hectáreas y dos casas, por unos US$1,8 millones.
“Las compraventas inscritas de islas de cinco hectáreas o más pasaron de 23 operaciones entre 2017 y 2019 a 187 entre 2020 y 2022, es decir, se multiplicaron por ocho. En ese período, la mediana de los precios subió 39%, de 70 a 97 UF por hectárea”, según las cifras de Colliers. Sin embargo, entre 2023 y 2026 retrocedió a cerca de 72 UF por hectárea.
La tendencia también se observó en los terrenos rurales de gran extensión: entre 2019 y 2021, la mediana por hectárea subió 80% en Los Lagos y 79% en Aysén. Desde 2023, ambos mercados corrigieron hacia valores cercanos a los niveles previos a la pandemia.
En cambio, las parcelas de menor superficie han mantenido buena parte de su valorización. En Los Lagos, la mediana pasó de 558 UF por hectárea en 2019 a 834 UF en 2022 y se mantiene en 812 UF en 2026, un 46% por sobre el nivel prepandemia.
¿Quiénes están comprando?
Según el informe de Colliers, “El mercado reúne distintos perfiles: fundaciones y organizaciones internacionales dedicadas a la conservación, family offices y grandes patrimonios, desarrolladores turísticos y particulares interesados en propiedades privadas o segundas viviendas”.
“Los compradores extranjeros directos representan cerca del 2,4% de las operaciones inscritas y alrededor del 2% del monto transado, cifras que no reflejan toda la participación internacional. Una parte importante del capital extranjero ingresa a través de sociedades constituidas en Chile. Por eso, la participación extranjera real es mayor que la que se observa en el registro del Conservador de Bienes Raíces”, explica Suazo.
En los registros predominan las personas naturales chilenas, con cerca del 69% de las operaciones, mientras que las sociedades nacionales concentran aproximadamente el 65% del monto transado. Entre los inversionistas internacionales destacan compradores de Estados Unidos y Europa, además de México y Brasil.
¿Por qué son tan atractivas estas islas?
De acuerdo a Rodrigo Suazo, “existe un alto interés por sus grandes extensiones de naturaleza poco intervenida, las reservas de agua dulce, la biodiversidad y el posicionamiento internacional de la Patagonia como destino de conservación. A esto se suma el interés de fundaciones y organizaciones filantrópicas por adquirir terrenos para protegerlos o impulsar su futura incorporación al patrimonio público.
“También existe demanda por propiedades destinadas a usos privados y turísticos, como lodges de baja escala, turismo de expedición y observación de fauna. En ese segmento pesan especialmente la conectividad, la infraestructura y la cercanía a centros urbanos”, señala.
“Entre los factores que pueden limitar las operaciones, están los costos logísticos, la falta de servicios, las solicitudes de Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) y la resistencia de algunas comunidades locales a las ventas de terrenos a extranjeros”, concluye.