Una dieta rica en proteínas y baja en grasas en la mediana edad se asocia con una mejor audición décadas después, según sugiere una investigación en la que han colaborado especialistas de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Nueva York, entre otras instituciones internacionales.
El trabajo, publicado en 'The Journals of Gerontology: Series A', ha analizado datos de 2.773 participantes del proyecto estadounidense Estudio de Riesgo de Aterosclerosis en Comunidades (ARIC, por sus siglas en inglés), una cohorte dedicada al estudio del envejecimiento y las enfermedades crónicas con un seguimiento de hasta 30 años. Los participantes tenían entre 45 y 64 años al inicio de la investigación.
Su alimentación se evaluó en dos ocasiones mediante cuestionarios de frecuencia de consumo validados, con los que se estimó la ingesta de proteínas, grasas y carbohidratos, así como la adherencia a patrones alimentarios bajos en grasas o en carbohidratos.
En cuanto a la función auditiva, esta fue examinada mediante audiometrías de tonos puros, una prueba objetiva que mide la capacidad para escuchar sonidos de diferentes frecuencias. De este modo, los investigadores pudieron relacionar la alimentación durante la mediana edad con la audición en etapas posteriores.
Las personas con una mayor ingesta total de proteínas presentaron una mejor función auditiva que aquellas con un consumo menor, una asociación especialmente clara en las frecuencias medias y altas. Al comparar los grupos de mayor y menor consumo, la ingesta elevada de proteínas se asoció con un 37 por ciento menos de probabilidades de presentar algún grado de pérdida auditiva, una relación que se observó tanto en los casos leves como en los moderados o más graves.
RELACIÓN ENTRE GRASAS Y AUDICIÓN
Mientras, una mayor ingesta total de grasas se relacionó con peores indicadores auditivos. Por el contrario, una mayor adherencia a un patrón alimentario bajo en grasas se asoció con una menor presencia de pérdida auditiva.
Los hallazgos sugieren que algunos factores relacionados con la salud auditiva en la vejez podrían comenzar a actuar mucho antes de la aparición de los primeros síntomas. De este modo, el estudio apunta a la alimentación como un posible factor de impacto sobre el que se puede intervenir.
Los investigadores han destacado que serán necesarios nuevos estudios para confirmar estas observaciones, analizar el papel de las distintas fuentes de proteínas y grasas y comprender los mecanismos biológicos implicados.
La pérdida auditiva es un problema de salud pública especialmente relevante entre las personas mayores. Además de dificultar la comunicación, se relaciona con el aislamiento social, el deterioro cognitivo y una menor calidad de vida.