Tormenta perfecta

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Luis Riveros ok

Todas las administraciones de gobierno enfrentan problemáticas que requieren ser abordadas con adecuada mezcla de talento y recursos económicos. El talento consiste en la experiencia política y la existencia de equipos capaces de abordar las circunstancias con criterio amplio, capacidad de comunicación y experiencia en negociación para conciliar distintas visiones. Algunos gobiernos han aprendido a sortear con éxito los retos que representa la administración del país. Los gobiernos de la Concertación, por ejemplo, sortearon caminos espinosos, pero contaron con capacidades adecuadas para ser abordados; aún en un terreno pedregoso, prevaleció el convencimiento y la disciplina para avanzar en materias que no alcanzaban criterios similares en todos los sectores. Eso puso en evidencia que Chile puede avanzar, si se cuenta con buenas propuestas y capacidad de gestión.


La actual administración de gobierno ha sufrido la arremetida de varias circunstancias negativas y fuera de su control directo, constituyendo una “tormenta perfecta” que dificulta la navegación hacia objetivos importantes como eliminar la delincuencia y recuperar crecimiento económico y estabilidad. Primero, la administración se recibió con un déficit fiscal significativo y una gran deuda pública externa que hacen crecientemente inmanejable el presupuesto nacional. En efecto, durante los tres últimos años el sector público ha gastado más que sus ingresos en casi 3 puntos del PIB, incidiendo ello en presiones inflacionarias que han requerido mantener altas tasas de interés, con perjuicio para toda la actividad económica. Por cierto, ajustar el gasto requiere esfuerzos que no son fácilmente asumidos por una población que demanda precisamente lo contrario: mayor gasto público para enfrentar las necesidades reales existentes.


Segundo, a esto se suma este año la existencia de una guerra que ha encarecido el precio del petróleo, lo cual es muy difícil de contener especialmente en presencia de escasos recursos fiscales. Esta situación se refleja en el aumento de los costos de transporte, el encarecimiento de los productos que requiere el consumidor, el mayor costo de la generación eléctrica, etc. Esta situación de inflación retrotrae a la población a críticos episodios del pasado, causando malestar y mayores presiones en las empresas y servicios por obtener aumentos salariales. Vista la desaceleración económica que se ha producido este año, producto de los desajustes económicos y la existencia de una caída en la inversión desde el año pasado, la situación se ha ido uniendo a la existencia de un alto desempleo, especialmente de jóvenes y mujeres.


Una tercera circunstancia se ha sumado a las anteriores: la presencia de temporales que eran inimaginables considerando la historia reciente. Como sabemos, estos fenómenos han causado estragos en la producción, especialmente minera y agropecuaria. En cuanto a esto último, el aumento de los precios de productos de primera necesidad ha sido inevitable, sumándose a aquél derivado del mayor precio de los combustibles. En el caso de la minería hay situaciones que han llevado también a una reducción en la producción y que tienen que ver con lo climático y la menor ley de los minerales que extraemos y vendemos.


O sea, tres circunstancias negativas exógenas a la gestión del gobierno que se deben manejar en sus efectos y que el ciudadano común sufre sin necesariamente entenderlos en su interrelación y complejidad. Pero a todo esto se suma, hay que decirlo, las acciones del propio gobierno y de algunos personeros que crean desconcierto en la ciudadanía. La sucesión de cambios ministeriales, por ejemplo, ha alimentado la desconfianza en medio de un álgido accionar opositor que, a falta de propuestas de gobierno, fomenta la incertidumbre. Pero, asimismo, el anuncio de indultar a condenados por abuso sexual infantil que, más allá de las justificaciones legales –que en verdad muy pocos entienden-- han creado una ola de rechazo que se suma a todos los anteriores efectos.


Dura tarea para una administración que debe lidiar con todos los distintos frentes que han emergido, pero principalmente aquel que se percibe como una herida auto provocada. Pero es vital reordenar para enfrentar las prioridades estratégicas: crecimiento, inversión, estabilidad de precios y ordenamiento fiscal, además de encabezar la reconstrucción que precisan las zonas dañadas.


Prof. Luis A. Riveros

IEIPP Universidad del Alba 

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