Sr. Director,
La inseguridad también se mide en la vida que dejamos de hacer. Según el Informe Latinobarómetro 2026, en Chile el 73% teme ser víctima siempre o casi todo el tiempo, mientras el 27% reporta haber sufrido un asalto o una agresión propia o familiar en los últimos 12 meses. Son indicadores distintos y no prueban un aumento del delito, pero plantean un desafío común: proteger a las personas y su libertad cotidiana.
Desde la psicología, vivir anticipando una amenaza puede alterar el sueño, mantener la hipervigilancia y reducir la autonomía. Cuando una persona mayor deja de salir por temor, pierde también vínculos protectores, mientras la desigualdad territorial deteriora la calidad de vida de los sectores más vulnerables.
A ello se suma una confianza institucional dañada: un 89% atribuye poder al crimen organizado y un 68% cree que Chile pierde la batalla contra la delincuencia. Sin embargo, el respaldo a la mano dura alcanza el 58%: el temor no equivale a aceptar cualquier respuesta.
La seguridad requiere eficacia policial y judicial, pero también atención psicológica a las víctimas, recuperación participativa de los barrios y una comunicación que contextualice el riesgo sin convertir el miedo en estigmas. Recuperar seguridad y confianza también es prevención: se trata de proteger la vida y permitirnos volver a vivirla.
Eduardo Sandoval-Obando,
Psicólogo y académico del Magíster en Neurociencias,
Universidad Autónoma de Chile