Chile puede ordenar sus cuentas y aun así perder oportunidades si no prepara a sus jóvenes ni transforma su capacidad productiva. La disciplina fiscal y la reforma del Estado, abordadas en la primera parte, deben liberar espacio para invertir y emprender. Pero el futuro exige también decidir qué capacidades construiremos. La educación temprana, la energía y la inteligencia artificial deben ocupar el centro de esa discusión.
La prioridad comienza antes de la universidad. PISA 2022 mostró que solo el 44% de los estudiantes chilenos alcanzó el nivel básico de competencia matemática, frente al 69% promedio de la OCDE. Es un antecedente de 2022 que obliga a preguntarnos dónde concentrar recursos. Si las bases fallan, ampliar el acceso a etapas posteriores difícilmente resolverá el problema. Debemos reforzar educación temprana, aprendizajes fundamentales y formación docente.
Conforme a ello se debería revisar las reformas a la educación superior impulsadas durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet y recuperar mecanismos que hayan funcionado, sobre todo el lucro. En educación superior el financiamiento debe provenir de créditos blandos, sobre todo si se recuperael crecimiento. El financiamiento debe ir a educación. El problema de la Calidad debe afrontarse con distintas medidas. Una podría ser que tercero y cuarto medio se organicen como colleges a cargo de universidades e instituciones técnicas, con formación general sólida, orientación vocacional y trayectorias permeables. Esto permitiría dirigir la educación de niños desde los 16 años al sector productivo. Se pódría establecer un período de transición y evaluación.
En tecnología, comprar herramientas no basta. El Ministerio de Ciencia informó que Chile destinó 0,41% del PIB a investigación y desarrollo en 2023. Se hace neceario una alianza pública estratégica con proveedores de inteligencia artificial para desarrollar aplicaciones educativas, administrativas y productivas. La estrategia de Argentina ha avanzado en este sendero.
La ambición debe extenderse a biotecnología, robótica y tecnologías aeroespaciales. Podemos atraer empresas y vincularlas con universidades, proveedores y trabajadores especializados en polos regionales. Las experiencias de concentración tecnológica, como las chinas, ofrecen ideas que debemos adaptar. En un mismo lugar geográfico que se pueda generar todo tipo de bienes y servicios, la deslocalización de la producción que evita los costos de transporte es el future. Negociar con estas corporaciones requiere ofrecer infraestructura, talento y estabilidad jurídica. Los incentivos deberían sujetarse a inversión, formación y transferencia de conocimientos comprobables, para que Chile sea una plataforma productiva atractiva en América Latina.
Existe una oportunidad inmediata en minería. Cochilco identificó una cartera de US$104.549 millones para 2025–2034. Son proyectos potenciales, no inversión asegurada. Convertirlos en empleo requiere permisos coordinados, plazos previsibles y decisiones fundadas. Las dependencias públicas deberían tener metas por la resolución oportuna de los asuntos bajo su control. Acelerar la inversión exige que las decisiones ambientales sean exigentes y lleguen a tiempo.
La energía será un tema fundamental en la sociedad de la IA. Según InvestChile, alrededor del 68% de la generación eléctrica de 2024 provino de renovables. Ese porcentaje se refiere a electricidad, no al consumo energético total. Fortalecer transmisión, almacenamiento y seguridad del suministro permitiría aprovechar esa base y ampliar la electrificación del transporte. Reemplazar progresivamente combustibles importados por electricidad producida en Chile merece una estrategia que considere costos, redes de carga y acceso de las familias. En este punto se debe ser cuidadoso porque importantes ingresos del fisco dependen del impuesto específico a los combustibles. Pero ello puede estar impidiendo la electromovidad en Chile.
La generación hidráulica y la eventual energía nuclear también deben evaluarse. La nuclear exige preparación institucional, inversión y plazos largos; presentarla como una solución rápida debilita una discusión que debe darse con seriedad. El objetivo es disponer de energía competitiva y confiable para nuevos proyectos productivos. La política ambiental y el crecimiento pueden converger cuando las alternativas se comparan por su viabilidad real.
Esta transformación debe crear oportunidades fuera de Santiago y contribuir a recuperar barrios, con empleo, servicios y planificación frente a riesgos naturales. La seguridad ante el crimen organizado es indispensable para que empresas y familias puedan instalarse y permanecer. Chile tiene que ofrecer un futuro que sus jóvenes quieran construir aquí. Ordenar las cuentas ayuda a hacerlo posible; invertir en capacidades permite que ese futuro tenga contenido.
Rodrigo Barcia Lehmann
Abogado, doctor en Derecho y magíster en Economía.
Profesor investigador Universidad Autónoma de Chile.