El drama del dividendo que supera el monto de la pensión

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Ameu0301rico Ibarra (44)

Un profesional de 60 años que proyecta una pensión de más de un millón de pesos, bastante por encima del promedio, suele imaginar sus años después de los 65 como una etapa tranquila. Pero si todavía tiene un crédito hipotecario que vence más allá de los 70 años de vida, hay un problema que probablemente no miró oportunamente. Hoy paga el dividendo sin esfuerzo porque tiene sueldo. Cuando jubile, ese ingreso va a caer, y bastante. Un dividendo pensado para los años de mejor sueldo, pagado con una pensión, aprieta el presupuesto mes a mes. La casa que debía ser su respaldo termina convertida en su principal gasto.


Tener una pensión alta no protege de esto. En Chile, las tasas de reemplazo hacen que, incluso los profesionales de ingresos medios-altos sientan una caída fuerte al jubilar. En los sueldos más altos el golpe es mayor, porque el tope imponible dejó una parte significativa de la remuneración sin cotizar. A eso se suma que el dividendo está en UF y sube con la inflación. Hay que precisar también que una renta vitalicia también se paga en UF, así que mantiene su poder de compra. El riesgo aparece con el retiro programado, cuyo monto se recalcula cada año y tiende a bajar. Una regla habitual dice que la vivienda no debería llevarse más del 30% del ingreso. En la vejez, pasar ese límite es más delicado, porque la salud, los medicamentos, los seguros y las contribuciones pesan cada vez más y el dividendo no se puede postergar.


Comprometerse a pagar dividendos durante diez años de jubilación es arriesgarse a que todos los meses salga más plata de la que entra. La buena noticia es que entre los 60 y los 65 todavía hay margen. A los 60 la persona tiene sueldo, acceso a crédito y tiempo para tomar decisiones de fondo. Si espera hasta el día en que jubila, ese margen se reduce mucho. Los bancos suelen limitar la suma de edad más plazo del crédito, el seguro de desgravamen se encarece o deja de estar disponible pasado cierto límite, y alargar el plazo para bajar el dividendo se vuelve casi imposible. Quien insiste en quedarse en una casa que ya no puede pagar termina gastando sus ahorros, endeudándose en otra parte o recortando cosas básicas para cumplirle al banco.


Lo razonable es usar esos cinco años para reordenar el patrimonio. Una opción es prepagar capital mientras hay sueldo, para bajar el dividendo o acortar el plazo. La otra, más de fondo, es vender la vivienda, pagar lo que queda del crédito y quedarse con la diferencia, que después de décadas de pagos y plusvalía puede ser una suma importante. Con ese capital hay dos caminos. Uno es comprar al contado una propiedad más chica y no tener dividendo. El otro es invertirlo en instrumentos de bajo riesgo y usar la renta para pagar un arriendo acorde al nuevo presupuesto. Vender no es una decisión liviana: implica mudarse, pagar gastos de compraventa y depende de cuánto se logre por la casa. Aun así, hay que hacer los números antes de los 65 y no después. Llegar al retiro sin deuda, o con una que la pensión cubra sin problemas, es la mejor forma de asegurar que la jubilación se financie con la pensión y no con angustia.


Américo Ibarra Lara

Director Instituto del Ambiente Construido 

Observatorio en Política Pública del Territorio

Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido

Universidad de Santiago de Chile

europapress