​El superciclo del conocimiento: Más allá de la extracción de minerales

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Rodrigo Gonzau0301lez Guerra

Chile ha observado históricamente los ciclos del cobre a través del precio, la inversión y la recaudación fiscal: cifras al alza que potencian nuestras exportaciones y nos posicionan como un actor clave del futuro global. Sin embargo, hay otros indicadores de producción que no estamos midiendo y que nos obligan a preguntarnos: ¿hasta dónde llega nuestra participación en la creación de ese futuro?


La electromovilidad, las energías renovables, los centros de datos y la inteligencia artificial están incrementando de forma estructural la demanda de minerales críticos. Necesitamos cada vez más energía, las redes eléctricas requieren cobre y las baterías demandan litio. Chile posee gran parte de los recursos que seguirán haciendo posible esa transformación global. No obstante, contar con los minerales del mañana no garantiza participar en la construcción de ese mañana.


Mientras exportamos volúmenes masivos de materias primas para el desarrollo de nuevas tecnologías, importamos esas mismas tecnologías para operar nuestras faenas. Esta limitación histórica persiste porque mantenemos una deuda en la capacidad nacional de creación.


Cuando una empresa tecnológica extranjera implementa una solución en una faena local, no solo entrega un producto: aprende de la operación, comprende sus procesos, enfrenta imprevistos del diseño original y obtiene información clave para perfeccionar su tecnología y exportarla. Así, la minería chilena se convierte en una fuente extraordinaria de aprendizaje cuyo mayor valor termina consolidándose fuera de nuestras fronteras.


Ante este desafío, la minería representa la gran plataforma para la sofisticación tecnológica del país: una industria robusta con el potencial de explotar oportunidades además de minerales. Inteligencia artificial, robótica, gemelos digitales, operación remota, simulación, ciberseguridad, gestión hídrica, almacenamiento energético y automatización son capacidades que la industria ya exige y que Chile está en posición de proveer.


No se trata de fabricar todo ni de competir en cada eslabón de la cadena, sino de identificar los ámbitos donde nuestra experiencia operacional nos otorga una ventaja real. Pocos países tienen la oportunidad de desarrollar soluciones a pie de obra en las operaciones mineras más grandes y complejas del planeta. Esa experiencia vivida es, en sí misma, un recurso estratégico.


Para capitalizarla, debemos superar un obstáculo recurrente: la “cultura del piloto”. Esta práctica traba el desarrollo al negar la continuidad de aprendizaje, experiencia y datos que fortalece las propuestas para dar el salto hacia contratos de largo plazo y soluciones exportables. La innovación necesita más que espacios de prueba: necesita continuidad.


Para lograr este escalamiento, los espacios de validación que abren las mineras son fundamentales, así como la conexión de las universidades con los desafíos reales del sector. Pero el motor principal debe ser la creación de tecnología propia por parte de startups y proveedores locales, respaldados por un Estado que genere las condiciones para convertir el conocimiento en industria.


En este esquema, las regiones mineras, como Antofagasta, Atacama, Tarapacá y Coquimbo, no pueden ser solo polos de extracción. Deben transformarse en centros internacionales de innovación, formación técnica y emprendimiento tecnológico.


Cada tonelada de mineral exportada tiene el potencial de impulsar nuevas exportaciones de conocimiento: software, ingeniería, capacitación, propiedad intelectual y soluciones industriales desarrolladas desde Chile para el mundo.


El verdadero desarrollo surgirá cuando la capacidad productiva y la creativa avancen en la misma dirección: cuando nuestra producción genere desafíos, la creatividad los transforme en tecnología y esa tecnología fortalezca la productividad minera antes de expandirse a otros mercados.


El éxito de este superciclo no se medirá solo por cuánto cobre o litio extraigamos, sino por lo que permanezca cuando el ciclo de precios cambie: empresas competitivas, profesionales especializados y tecnologías creadas en Chile. La riqueza de una mina es finita. La experiencia que genera puede seguir creciendo de forma ilimitada. El mayor valor de nuestros minerales reside también en todo lo que seamos capaces de crear a partir de ellos.


Rodrigo González Guerra 

CEO Minverso  

Académico FEN U. de Chile

Arquitecto USACH

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