Señor director:
El aumento de la Pensión Garantizada Universal (PGU) constituye una medida socialmente relevante, especialmente para los adultos mayores de menores ingresos. Sin embargo, junto con valorar sus efectos sobre los ingresos actuales de los pensionados, es necesario poner atención a una dimensión menos visible: cómo se financiará este mayor compromiso fiscal de manera permanente.
El principal desafío no está necesariamente en financiar el incremento durante los primeros años, sino en sostenerlo en el largo plazo. La PGU es un gasto permanente y, por tanto, requiere ingresos permanentes que acompañen su crecimiento. En una población que envejece y con un escenario de crecimiento económico moderado, comprometer mayores recursos sin una fuente estable de financiamiento puede aumentar la presión sobre las cuentas fiscales y trasladar el costo hacia las futuras generaciones.
Por ello, sería conveniente que cualquier aumento de la PGU estuviera acompañado de una estrategia explícita de financiamiento de largo plazo, con ingresos estructurales claramente identificados y una evaluación periódica de su sostenibilidad. Mejorar las pensiones actuales es una necesidad, pero hacerlo de manera responsable exige asegurar que el beneficio pueda mantenerse en el tiempo sin comprometer la estabilidad fiscal futura.
Pablo Müller
Académico de la Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma