El IMACEC de julio 2026 fue altamente negativo (-1,5% anualizado) lo que indica que estamos no solo en recesión técnica, sino que estamos avanzando hacia una recesión real de nuestra economía, lo que también se confirma con el aumento, en julio, a 9,5% en la tasa de desempleo.
Sabemos que el Informe de Cuentas Nacionales del segundo trimestre de 2026 confirmó recientemente que teníamos dos trimestres consecutivos de caída del PIB desestacionalizado, la definición convencional de recesión técnica. El dato ya entregaba una importante alerta. El análisis de la situación y la descomposición de las cifras que dan cuenta de la recesión técnica (NOTA PEC 29 del Equipo del Conversatorio de Política Económica, ECPE-USACH, agosto 2026), entrega tres observaciones básicas, que comparto.
Primero, este receso técnico es el episodio más leve de los seis registrados desde 1997: la caída acumulada es de 0,27%, frente a 4,15% en 2019 y 3,89% en 1998. Y, además, en el segundo trimestre 2026 fue de 0,02%, luego, es bueno precisar que se trata de un Producto detenido más que en retroceso. La caída del IMACEC de julio es fuerte, pero continúa mostrando, por ahora, solo una economía estancada.
Segundo, los datos indican, inicialmente, que la caída interanual del primer semestre 2026, es enteramente minera: el PIB no minero creció 0,2% en el primer trimestre y 0,8% en el segundo, mientras que el PIB total fue de -0,3% y -0,2%, respectivamente, de tal forma que la minería responde por la diferencia (hizo bajar al PIB en 0,5 pp en el primer trimestre y en 1,0 pp en el segundo). Sin embargo, hay que hacer una precisión que matiza el argumento minero. Sobre la serie desestacionalizada, que es la que define la recesión técnica, la minería no cayó en el segundo trimestre: creció 0,60% respecto del primero y aportó +0,08 puntos porcentuales. La minería explica la caída interanual, pero no el estancamiento del PIB del trimestre contra el trimestre anterior.
Ese estancamiento tiene otro origen y es que el PIB resume en un solo número el comportamiento de dieciséis actividades productivas y de cinco componentes del gasto agregado de la economía que, en estos dos trimestres, se movieron en direcciones opuestas y con intensidades muy distintas. No es lo mismo si Chile enfrenta una debilidad generalizada del PIB en todos sus sectores, que una contracción concentrada en la minería.
Descontada la minería, la economía chilena no muestra una contracción generalizada, pero tampoco un crecimiento robusto. En los dos primeros trimestres de 2026, nueve de las quince actividades crecieron, pero poco, o se mantuvieron, (entre ellos servicios financieros (3,1%), comercio (2,4%), servicios personales (2,4%) y los servicios de vivienda e inmobiliarios (2,3%); por su tamaño, los servicios personales aportaron 0,34 puntos porcentuales y el comercio 0,24 pp) y, seis sectores cayeron.
El sector que cae, que merece más atención en este primer semestre, es la construcción. Cayó 3,2% en doce meses, restó 0,19 puntos porcentuales y, a diferencia de la minería, también cae en la serie desestacionalizada, por cuarto trimestre consecutivo: −0,52%, −0,75%, −1,07% y −1,01% entre el tercer trimestre de 2025 y el segundo de 2026. La construcción con 5,6% del PIB y una intensidad de empleo muy superior a la minera, es la debilidad sectorial no minera más persistente del período. Este es el sector donde deberían concentrarse los esfuerzos de la política económica para tener una pronta reactivación productiva del país.
Tercera observación, es lo que la cifra de recesión superpone, al ser considerada en términos agregados. El estancamiento del 2º trimestre, que completó la recesión técnica, sorprendentemente, no es minero, como lo indica la serie desestacionalizada: la minería creció 0,60% en el segundo trimestre, y lo que frenó al producto, entonces, fue el gasto interno. Factor al que se sumaron otras debilidades como la inversión fija que se detuvo, la construcción que acumula cuatro trimestres de caída y la desocupación que llegó a una muy alta tasa de 9,5% en el trimestre mayo-junio-julio 2026.
La demanda interna, en el segundo trimestre de 2026, estuvo prácticamente detenida: creció 0,1% en doce meses, después de alcanzar 2,3% en el primer trimestre y 2,6% en el cuarto de 2025. El consumo total creció 1,3% y aportó 0,96 puntos porcentuales, con los hogares en 1,2% (0,67 puntos) y el gobierno en 1,8% (0,29 puntos). Las exportaciones cayeron 2,1% y restaron 0,70 puntos; las importaciones cayeron 1,6%, lo que por la aritmética de la identidad agregó 0,45 puntos. La variación de existencias restó 0,93 puntos, la contribución negativa más grande del trimestre, aunque es el componente sobre el que menos conviene apoyar una interpretación. La lectura desestacionalizada agrega un elemento que la interanual no muestra. Respecto del primer trimestre, el consumo de gobierno en el segundo trimestre cayó 3,8% y restó 0,61 puntos porcentuales, y el de los hogares cayó 0,5% y restó 0,31.
El estancamiento del segundo trimestre en la serie que define la recesión técnica se explica, entonces, sobre todo por el gasto interno y no por la minería. El dato más relevante en el análisis del Gasto es el de la inversión. La formación bruta de capital fijo creció 0,02% en doce meses: se detuvo. Venía de crecer 9,7% en el tercer y en el cuarto trimestre de 2025 y 2,9% en el primero de 2026. La desagregación muestra dos historias distintas. La inversión en maquinaria y equipos, que había crecido 22,9% en el cuarto trimestre de 2025, se desaceleró a 3,7%. Y la inversión en construcción y otras obras cayó 2,4%, su tercer trimestre negativo consecutivo, confirmando lo que ya mostraba el PIB de la construcción.
El diagnóstico no es el de una economía en retroceso generalizado, sino el de una economía estancada en torno a un crecimiento tendencial de 2%, con un shock minero superpuesto. La distinción importa, porque una y otra situación se corrigen con instrumentos distintos. Si la debilidad de la inversión no proviene del costo del financiamiento, que bajó casi siete puntos porcentuales en tres años, su origen está en las expectativas sobre la demanda futura, en la incertidumbre regulatoria y tributaria, o en la rentabilidad esperada de los proyectos.
La conclusión es doble y conviene no confundir sus términos. En lo inmediato, el episodio de 2026 combina dos fenómenos que la cifra agregada superpone. La contracción interanual del PIB se explica fundamentalmente por un shock de oferta en la minería del cobre, mientras que el estancamiento trimestral que completa la recesión técnica refleja también una pérdida de dinamismo de la demanda interna. A ello se suma un mercado laboral que se deteriora y hogares cuyos ingresos reales todavía crecen. Es plausible que el episodio termine en el tercer trimestre. En lo estructural, el problema es otro y más serio: doce años creciendo cerca de 2%, con una productividad que no aporta y una inversión que acaba de detenerse. Salir de la recesión técnica no resuelve lo segundo, y confundir ambos planos es el principal riesgo de lectura que dejan estas cifras.
Víctor Salas Opazo
Departamento de Economía
Universidad de Santiago de Chile