Tres distinguidos ciudadanos y hombres públicos han puesto sus memorias a disposición de quienes se interesen por aprender de sus trayectorias y de los tiempos en que han transcurrido sus periplos de vida. Es importante que ello ocurra en beneficio de las generaciones siguientes, las cuales podrán aprender sobre el marco histórico y las decisiones que caracterizaron a personas con diferentes roles y visiones sobre temas públicos. Aportan así a educar, en un sentido amplio, sobre experiencias de vida y especialmente sobre la forma en cómo han superado sus inevitables frustraciones y construido una vida de aporte a la sociedad. La lectura de sus obras aporta a develar la historia política de las últimas décadas, marcada por tantos giros y condiciones que se constituyen en retos para interpretarlos y, por supuesto, en la base para estimar los probables futuros giros de nuestra sociedad.
José Miguel Insulza (“La Diplomacia del Consenso”) ha puesto a nuestra disposición su recuento después de haber ejercido cargos de gran relevancia en materia nacional e internacional. En su relato pone de relieve los desafíos que enfrentó en materia de defender la integración regional en medio de un escenario internacional marcado por grandes tensiones geopolíticas. Su relato constituye una reflexión sobre política, democracia y la necesidad de compromisos para enfrentar la incertidumbre y los vacíos que deja la pura confrontación. Fue testigo presencial de hechos decisivos para la República, como las expresiones de Allende en 1973 frente a la obstinada división entre los partidos que le apoyaban. El pensamiento que marca por entero su obra, lleva a evaluar de manera consistente la necesidad de los acuerdos para poder avanzar, que fue lo que practicó en materia internacional pero también en su conocido desempeño político.
Por otro lado, Sergio Bitar (“Ocho Presidentes y un Dictador. Chile 1966-2026”) nos deja el recuerdo de las varias administraciones de gobierno que le ha tocado vivir en su periplo de vida tanto ciudadana como política. No puede ocultar su admiración por dos de los ocho presidentes a quienes le ha tocado conocer y/o trabajar, pero tampoco ocultar su desprecio por aquél que lo mantuvo en prisión y en el exilio. Su mirada es amplia, y su relato permite también profundizar en sus ideas para Chile, que en el fondo se enfocan en la necesidad de diálogo, mirada de largo plazo y tolerancia para entender los puntos de vista de otros. Para quien fuera varias veces ministro en distintas carteras e ingeniero con inquietudes acerca del futuro de Chile, este recuento revela versatilidad, disposición y competencia profesional para ejercer cargos de variada naturaleza, siempre en el espíritu de servir al país.
Finalmente, están las memorias de Fernando Montes (“Ven y Sígueme. Memorias de un Caminante”). Sacerdote jesuita, educador, rector de colegio y fundador de una Universidad; toda una vida dedicada a servir a los demás y a la formación de las nuevas generaciones. Pero, por sobre todo, revela al hombre público con una mirada valiosa sobre Chile porque no estuvo en la política contingente, aunque sí en los ideales superiores inspirados en el humanismo cristiano. Son reveladoras sus vivencias sobre el pronunciamiento militar de 1973, y la forma en que con discreción ayudó a muchos en días difíciles. Fernando Montes transmite su mirada eclesiástica sobre hechos de la política, así como sobre su vida dedicada a la educación. Es dueño de una mirada integradora, positiva hacia el futuro de nuestra sociedad, y de su relato fluye claramente el llamado al diálogo, al encuentro, a la superación de los debates intrascendentes, al perdón de aquellos que nos ofenden.
Tres vidas, tres caminos ya recorridos que al final nos proponen una evaluación retrospectiva. Lo que se adquiere de la lectura compartida de estas obras es la lección que emana de trayectorias distintas, pero que al final se encuentran en el camino del humanismo y en la entrega generosa hacia los demás. Los tres están dominados por un prominente espíritu de servicio público, desde distintas miradas y en distintas vivencias, pero en todos ellos ha primado una férrea voluntad de entrega basada en firmes convicciones humanistas.
Prof. Luis A. Riveros
Emérito Universidad de Chile