La Inteligencia Artificial (IA), y especialmente la Inteligencia Artificial General (AGI por sus siglas en inglés), va camino a convertirse en una tecnología de impacto civilizatorio. Todos los estudios indican que en un horizonte de entre cinco a diez años, la AGI tendrá la capacidad de dar un giro copernicano a nuestra civilización. Lo que falta por saber, es hacia dónde nos conducirá ese giro. Por eso la gobernanza de la IA/AGI debe ser concebida como un bien público global. Ello no significa que deba ser dirigido por una burocracia internacional, o que se vaya a inhibir la innovación, sino que las decisiones fundamentales sobre sus riesgos, límites y condiciones de utilización no queden exclusivamente en manos de quienes concentran el capital, los datos, los chips, la capacidad de cómputo y los modelos más avanzados. Necesitamos reglas multilaterales vinculantes, fruto del consenso, establecidas como comunidad internacional con todos los actores públicos y privados, la comunidad académica y científica y la sociedad civil.
El Pacto Digital Global, adoptado por la ONU en 2024, reconoce la necesidad de una gobernanza internacional de la IA «para beneficio de la humanidad», con plena participación. En agosto de 2025, la Asamblea General (AG) estableció el Panel Científico Internacional Independiente y el Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA. El Panel está integrado por 40 expertos de las cinco regiones de Naciones Unidas y presentó su informe preliminar el 1 de julio de 2026. Pocos días después, los Estados miembros participaron en el primer Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, celebrado en Ginebra. Es un avance importante, pero no suficiente. El Panel proporciona evidencia científica independiente y el Diálogo ofrece un espacio de deliberación; pero ninguno constituye todavía un régimen internacional vinculante.
Las preguntas que comienzan a plantearse con fuerza son: ¿Aceptaremos que una tecnología con potencial impacto sobre toda la humanidad sea gobernada principalmente por quienes primero consigan dominarla? ¿O construiremos instituciones que permitan gestionar sus beneficios y riesgos como una responsabilidad compartida? Esta para Chile y América Latina es una cuestión clave.
Según el think tank global The Millennium Project (TMP), que viene colaborando en esta línea con los presidentes de la UNGA junto con otras asociaciones y redes de académicos, científicos y tomadores de decisiones a nivel global, hay una creciente toma de conciencia y se ha avanzado en esta línea, aunque de manera dispersa y todavía sin entrar en el meollo de la cuestión. Pero existe ya un punto de partida, según el reciente documento coordinado por Jerome Glenn, en el que TMP presenta una “Lista maestra de principios de IA para los sistemas nacionales de concesión de licencias de IA/IA general y un tratado internacional sobre IA/IA general”, puesto a disposición de legisladores y tomadores de decisión de los países miembros de la ONU, de cara a la próxima AG y proponiendo junto con el Consejo de Presidentes de la AG la celebración de una sesión especial sobre la gobernanza de la IA.
El documento revisa diecinueve marcos normativos intergubernamentales, tratados, marcos regionales, nacionales y de expertos, incluida África, el Sudeste Asiático, América Latina y el mundo islámico. Constata que, ante la evidencia del exponencial desarrollo de la IA convergen, incluso en EE. UU., muy reticente a las regulaciones, en la UE y también en China y regiones como América Latina, África, Asia, y el mundo islámico, principios comunes como derechos humanos, dignidad, supervisión humana, transparencia, seguridad, privacidad, no discriminación y responsabilidad. Están comprendidos textos de la UNESCO, la OCDE, el Tratado del Consejo de Europa, Ley de IA de la UE, Resoluciones y decisiones de la Asamblea General de la ONU, Consenso de Hiroshima del G7, Conferencias de Bletchley y Seúl, Declaración de Montreal, Declaración de Santiago sobre ética de la IA en América latina, Marco de gestión de riesgos de IA del National Institute of Standards and Technology (NIST EE. UU.), Iniciativa de gobernanza global de la IA de China, Principios de IA de Asilomar (Instituto Futuro de la Vida, California), Estrategia Continental de IA de la Unión Africana, Guía de la ASEAN sobre gobernanza y ética de la IA, Carta de Riad sobre la ética de la IA en el mundo islámico (ICESCO/SDAIA), Llamamiento de Roma para la ética de la IA (Academia Pontificia para la Vida).
Sobre esta base, deberíamos avanzar hacia una arquitectura de tres niveles: sistemas nacionales de evaluación y licenciamiento para las aplicaciones de mayor riesgo; mecanismos regionales de coordinación y supervisión; y, finalmente, un marco multilateral dentro de Naciones Unidas para aquellas capacidades de la IA cuyos efectos puedan superar las fronteras de cualquier Estado.
El presidente electo de la 81 Asamblea General de la ONU (UNGA), que tendrá lugar en septiembre en Nueva York, el ministro de Asuntos Exteriores de Bangladesh, Khalilur Rahman, ha fijado la Inteligencia Artificial como una de las cinco prioridades de su mandato de un año. La próxima AG de la ONU puede ser el momento de inflexión para hacerse cargo de este desafío no solamente con declaraciones o acuerdos sin compromisos, sino con la apertura de una ronda de negociaciones vinculantes.
Prof. Héctor Casanueva
Vicepresidente del Foro Académico Permanente América Latina, el Caribe y la Unión Europea (FAP ALC-UE)
Profesor-investigador del Instituto Universitario
de Análisis Económico y Social (IAES), UNIVERSIDAD DE ALCALÁ, Alcalá de Henares, España
Coordinador de la Cátedra de Prospectiva y Relaciones Internacionales,
Instituto de Estudios Internacionales, UNIVERSIDAD DE CHILE
Ex Embajador de Chile en Ginebra y Montevideo
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