El pasado 31 de julio, la Empresa Nacional del Petróleo, más conocida como ENAP, reportó a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) sus estados financieros intermedios al 30 de junio de 2026. A los pocos minutos, diversos medios de prensa destacaban el aumento del 82% en las ganancias de la compañía, las que alcanzaron los US$579 millones, en comparación con el mismo período del año anterior.
En este sentido, si bien este aumento en las utilidades se produjo durante el período en que el Gobierno decidió reducir temporalmente el efecto amortiguador del MEPCO, dicha medida no constituye la causa directa de este nivel de utilidades, aunque la coincidencia temporal podría dar lugar a interpretaciones equivocadas. Al respecto, la situación de ENAP se explica principalmente por los mayores márgenes internacionales, particularmente en diésel y gasolinas, y por una estrategia de priorización de productos propios por sobre productos importados, lo que le permitió capturar un mayor margen asociado a su propia actividad de refinación.
Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Si bien el análisis de indicadores del Estado de Resultados muestra aumentos del 28,1% en los ingresos ordinarios, del 42,2% en el margen bruto, del 52,8% en el resultado operacional y del 42,8% en el EBITDA, al comparar junio de 2026 con junio de 2025, estos resultados contrastan fuertemente con la capacidad de la compañía para generar flujos de efectivo. En efecto, el flujo de operación neto disminuyó un 50,2% durante el mismo período. A ello se suman una disminución del 32,6% en la liquidez corriente y una reducción del 34,4% en la prueba ácida entre junio de 2026 y diciembre de 2025. Al comparar junio de 2026 con junio de 2025, se observa una disminución del 20,0% en el indicador de liquidez y del 22,8% en la prueba ácida. Más aún, a junio de 2026, se advierte una estrecha capacidad de la compañía para cubrir sus obligaciones de corto plazo.
En este contexto, los niveles de stock que poseía ENAP a fines de 2025 y comienzos de 2026, cuando los precios de adquisición del crudo eran anteriores al conflicto y, por tanto, menores, sumados a que sus precios de venta se mueven siguiendo referencias internacionales más inmediatas, así como al mayor aprovechamiento de su capacidad de refinación, hicieron aumentar significativamente sus márgenes de ganancias. Sin embargo, el costo que ha tenido la reposición de los inventarios adquiridos antes de la crisis ha generado y seguirá generando menores flujos de efectivo provenientes de la operación, en comparación con períodos anteriores. Esta brecha entre el resultado y el flujo debería comenzar a normalizarse durante el segundo semestre de 2026.
Por lo anterior, se requiere cautela al momento de evaluar una posible distribución futura de dividendos provisorios con cargo a las utilidades de 2026 u otra medida que implique una salida de efectivo, dado que la inestabilidad de los mercados internacionales podría seguir afectando la capacidad de generar flujo operacional y, al mismo tiempo, reducir considerablemente los márgenes y las rentabilidades reflejados en el resultado. Los tomadores de decisiones, deben entender que el resultado y el flujo obedecen a principios contables y financieros diferentes, como se evidencia muy bien en los estados financieros de ENAP.
Felipe Arenas Torres
Doctor en Administración de Empresas
Académico de la Facultad de Economía y Negocios
Universidad de Talca, Chile