​Cuando la Tierra redefine las coordenadas: el terremoto de Venezuela y una lección para Chile

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Marcelo Caverlotti

Los devastadores terremotos que recientemente afectaron a Venezuela no solo dejan una profunda tragedia humana y material. También nos recuerdan una realidad poco conocida fuera del ámbito científico: cada gran terremoto modifica físicamente la posición del territorio. En cuestión de segundos, ciudades, carreteras, montañas e incluso países completos cambian su ubicación algunos centímetros o, en los casos más extremos, varios metros. Con ello, también cambian las coordenadas sobre las que funcionan los mapas, la navegación satelital y gran parte de la infraestructura moderna.


Aunque al momento de escribir esta columna aún no se han publicado las soluciones geodésicas oficiales del reciente terremoto de Venezuela, la experiencia obtenida en sismos de magnitud similar permite estimar que las zonas cercanas a la ruptura de la falla podrían haber experimentado desplazamientos permanentes del orden de 1 a 3 metros, mientras que sectores ubicados entre 10 y 30 kilómetros podrían haberse desplazado entre 20 y 80 centímetros. Incluso ciudades más alejadas, como Caracas, situada aproximadamente a 170 kilómetros del epicentro, podrían haber cambiado su posición varios centímetros respecto de las coordenadas que tenían antes del sismo. Estas estimaciones se sustentan en modelos geodésicos y observaciones realizadas mediante redes GNSS e imágenes satelitales InSAR utilizadas por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la Agencia Espacial Europea (ESA) y diversos centros internacionales de investigación (USGS, 2026; ESA, 2026).


Dicho de otra manera, después de un gran terremoto un país ya no ocupa exactamente el mismo lugar que ocupaba el día anterior. Puede parecer una curiosidad científica, pero sus consecuencias son enormes. Hoy prácticamente todo depende de coordenadas precisas: carreteras, puentes, aeropuertos, catastros, minería, agricultura de precisión, redes eléctricas, drones, vehículos autónomos e incluso los teléfonos celulares. Cuando el territorio cambia y esas coordenadas no se actualizan, comienzan a acumularse errores que pueden afectar proyectos de ingeniería, infraestructura crítica y procesos de planificación territorial. Chile conoce muy bien esta realidad. Nuestro país se ubica sobre una de las zonas tectónicas más activas del planeta, donde la placa de Nazca converge con la placa Sudamericana a una velocidad cercana a 7 centímetros por año, valor determinado mediante observaciones GNSS continuas (SIRGAS; Centro Sismológico Nacional, Universidad de Chile; USGS). Esto significa que Chile está en permanente movimiento, incluso cuando no ocurren terremotos. El terremoto del 27 de febrero de 2010 (Mw 8,8) constituye uno de los eventos geodésicos mejor estudiados del mundo. Diversas estaciones GNSS registraron desplazamientos horizontales de hasta cinco metros, mientras que en algunos sectores costeros se observaron levantamientos y subsidencias superiores a dos metros. Como consecuencia, miles de coordenadas oficiales dejaron de representar la posición real del territorio, obligando a recalcular redes geodésicas y actualizar los marcos de referencia utilizados por organismos públicos, empresas y centros de investigación (Vigny et al., 2011).


Durante décadas asumimos que las coordenadas eran permanentes. Hoy sabemos que no es así. La geodesia moderna trabaja con marcos de referencia dinámicos, recomendados por la Asociación Internacional de Geodesia (IAG), capaces de incorporar tanto el movimiento continuo de las placas tectónicas como los desplazamientos instantáneos producidos por grandes terremotos. El terremoto de Venezuela vuelve a poner este tema sobre la mesa. Más allá de la tragedia humana, nos recuerda que contar con una infraestructura geodésica moderna constituye un elemento estratégico para cualquier país altamente sísmico. Chile ha realizado importantes avances y dispone de una de las redes GNSS más desarrolladas de Sudamérica. Sin embargo, el desafío ahora es avanzar hacia un sistema nacional completamente dinámico que permita reflejar, prácticamente en tiempo real, los cambios que experimenta nuestro territorio.


Mientras los medios informan cuántos edificios colapsaron o cuántas personas resultaron afectadas, los geodestas observan otro fenómeno mucho más silencioso, pero igualmente trascendental: después de un gran terremoto, un país completo cambia de posición. No es una metáfora. Es una realidad científica. Invertir en geodesia significa invertir en seguridad, desarrollo y soberanía territorial. Porque después de cada gran terremoto no solo cambia el paisaje. También cambian las coordenadas con las que un país entiende su territorio, planifica su desarrollo y resguarda su soberanía.


Por Dr. Marcelo Caverlotti Silva, Director, Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental, Universidad de Santiago de Chile


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