El costo del invierno: cuando la calidad del aire impacta la productividad de las empresas

|


Margarita Sandoval

Durante años, las empresas han fortalecido sus estándares de higiene visibles: limpieza de oficinas, desinfección de superficies y protocolos sanitarios que hoy forman parte de la gestión cotidiana. Sin embargo, existe un factor igual o más determinante para la continuidad operativa y el desempeño de los equipos que sigue fuera del radar de la gestión empresarial: la calidad del aire interior.


En pleno peak de la temporada respiratoria 2026, con un 32,2% de las atenciones de urgencia por causas respiratorias según el Ministerio de Salud, el impacto en el mundo laboral es directo. El aumento del ausentismo, las licencias médicas y la disminución en la productividad no son solo una consecuencia sanitaria, sino también un costo económico que las organizaciones ya están enfrentando.


El contexto es claro: las personas pasan cerca del 90% de su tiempo en espacios interiores. Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), el aire en estos ambientes puede ser hasta cinco veces más contaminado que el exterior debido a la acumulación de contaminantes y a la limitada ventilación. En invierno, esta situación se intensifica, ya que las bajas temperaturas reducen la renovación natural del aire en oficinas, salas de reunión y espacios compartidos.


Este factor tiene un impacto económico medible. Estudios de salud ambiental estiman que la mala calidad del aire interior puede generar pérdidas de hasta US$15.500 anuales por trabajador, asociadas a ausentismo, fatiga y menor capacidad de concentración. A esto se suma evidencia de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, que muestra que mejores condiciones de ventilación pueden aumentar significativamente el desempeño cognitivo y la productividad en entornos laborales.


En este contexto, la calidad del aire deja de ser un tema sanitario y pasa a ser una variable de gestión empresarial. Así como las organizaciones han incorporado la seguridad, la salud mental y la ergonomía dentro de sus estrategias de bienestar, la calidad del aire interior debe integrarse como un componente central de la continuidad operativa y la eficiencia organizacional.


El desafío no es sólo técnico, sino estratégico: las empresas que entiendan que el entorno invisible influye directamente en el rendimiento de sus equipos estarán mejor preparadas para enfrentar los costos ocultos del invierno.


La productividad no solo depende de las personas. También depende del aire que respiran.


Por: Margarita Sandoval, Gerente Línea Higiene – Rentokil Initial Chile

europapress