Mientras discutimos indemnizaciones, la IA avanza.

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Mauricio Maturana (3)

El Ministerio del Trabajo ha señalado que se está trabajando (valga la redundancia) en una propuesta que buscaría reemplazar el actual y tradicional sistema de Indemnización por Años de Servicios (IAS) por un sistema de Indemnización a Todo Evento (ITE). La nueva propuesta considera para su financiamiento un aporte adicional para el empleador, en un principio del 1.8%, el cual se sumaría o iría en un carril separado al Seguro de Cesantía. Para todos quienes nos dedicamos en buena medida a este mundo sabemos que el trabajo cumple una función social ante todo. Desde ese punto de vista y partiendo siempre de la base que empleador y trabajador no se encuentran en un mismo plano de igualdad jurídica, pues el primero tiene un poder de negociación per se superior al segundo, es que la ley laboral busca reducir ese desnivel protegiendo a la parte más débil que es el trabajador. Por esa razón nuestra legislación laboral considera una serie de medidas de protección al trabajador (IAS y su recargo en caso de despido injustificado, fueros, derechos fundamentales como límite a la facultad de mando del empleador, Ley Karin por señalar solo algunos). Por otro lado y de acuerdo con las últimas informaciones entregadas por el INE, nuestro país está con una tasa realmente dramática de desempleo del orden del 9,1% durante el trimestre febrero-abril de 2026, lo que equivale a aproximadamente 944.794 personas desempleadas, incluyendo a quienes están cesantes y a quienes buscan trabajo por primera vez. Eso no puede ser. Las últimas reformas gruesas a la legislación laboral fueron la Ley de las 40 horas y Ley Karin que vinieron a rigidizar aún más a ésta. Eso técnica y objetivamente, sobre todo para las PYMES, se han transformado en un verdadero desincentivo a la contratación de mano de obra. La IAS ubica a Chile entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con los más altos costos de despido. Nuestra legislación laboral es rígida y eso significa que quienes deciden contratar o desvincular lo piensan dos veces además de desincentivar la movilidad o circulación laboral voluntaria. Al final de cuenta todo esto se refleja en efectos negativos en la productividad del país. Así, tener una legislación rígida no ayuda mucho al desarrollo económico de un país y por ende no se refleja en lo más importante, por lo menos para mí: mejorar la calidad de vida de las familias chilenas. El mundo del trabajo y quienes influyen en este deben dejar de lado las consignas políticas y comenzar a pensar seriamente cómo hacer frente a un personaje silencioso que avanza en un camino sin retorno. Me refiero a la Inteligencia Artificial (IA). Esta no presenta licencias médicas, no reclama horas extras, no pide permisos para salir dentro del horario de trabajo, no se va a huelga, no tiene fuero, trabaja las 24 horas sin pedir nada a cambio, es tanto o más eficiente que la mano de obra humana. Entonces ¡cuidado! Este no es el momento para trabajar ni menos legislar en base a consignas políticas. Es el momento de hacer las reformas que sean necesarias pero de manera seria y responsable, apuntando siempre a lo mejor para las personas trabajadoras. Por razones de trabajo, paso algunas temporadas en Estados Unidos lo que me ha permitido aprender y conocer más a fondo otras miradas del mundo del trabajo. Hace unos días atrás, en un supermercado de una de las cadenas más grande de Estados Unidos me llamó la atención un “carrito”. No era cualquiera. Era uno del tamaño de un carro de supermercado americano (más grande de lo común para nosotros), con asiento desocupado y volante, panel de controles, luces delanteras y traseras y señalizadores. La mitad del carro era una verdadera torre, seguramente de computadores, con una pantalla que mostraba los datos recopilados y otra gran pantalla con luces que iba escaneado y por ende registrando todos y cada uno de los productos que veía a su paso en cada pasillo, por ambos lados. Al detectar a un cliente con su carro, inmediatamente se detenía o bajaba su velocidad; al llegar a la esquina de cada pasillo, bajaba la velocidad, señalizaba, lentamente doblaba y continuaba con su “trabajo” en los pasillos siguientes. Conversando con el encargado del local me explicaba que la función realizada por ese robot (porque eso es en el fondo) era control de productos en góndolas o control de inventario. Información precisa y al instante de lo que hay a disposición del público con respuesta y alarma inmediata para reponer. Tras todo esto una coordinación certera y precisa con el departamento de Logística de la compañía que seguramente está a miles de kilómetros o en otro estado. Nada puede faltar para el cliente y por ende, nada puede fallar. Yo me quedé pensando cuántos trabajadores se necesitan para ese mismo trabajo, ¡cuántas horas hombres se necesitan para ello! El mundo del trabajo ha cambiado. Ya no es solo trabajador y empleador. Entrar a los 18 años a un Banco y jubilarse como gerente o director, ya no existe. Las generaciones nuevas son cada vez más libres y valoran la calidad de vida, tiempo con la familia ante jornadas extenuante para asegurar que nada falte. Las personas viven más años y por ende los 60 de hoy son los 40 de antes. Y por si fuera poco, ahora se incorporó un tercer sujeto que trabaja 24/7 sin exigir ni reclamar ningún derecho. Es impresionante y a la vez preocupante como la IA se abre paso más rápido de lo que imaginamos. Hacia allá debe dirigirse nuestras energías. Lograr el sano y justo equilibrio entre trabajador y empleador; ambos mirarse, tratarse y entenderse como complementarios y necesarios y enfrentar de buena manera a este bueno sujeto del trabajo. La relación laboral como cualquier otra debe construirse desde la confianza mutua, con miras de lograr el justo y necesario equilibrio; buscar siempre lo mejor para ambos. No hay cosa más dañina, desgastante y cara al final que construir relación laboral desde la desconfianza, desde la suspicacia. Hacerlo así nos ha llevado a lo que estamos actualmente viviendo como país: alta tasa de desempleo con una legislación rígida. El peor de los escenarios. Por eso, esta idea o propuesta debe ser abordada escuchando a cada una de las partes involucradas, recoger sus inquietudes y aprehensiones, de manera inteligente y no apasionada, pensar en la mejor conciliación de ambos. No hay espacio para que alguna de las partes sienta que está siendo perjudicada. Lamentablemente nunca se puede dejar contento a todos y es ahí donde la generosidad, la ponderación, la altura de mira deben abrirse espacio.


Quienes han sido en gran medida responsables de esto ha sido la clase política, quien en muchos casos ha legislado más preocupada de los slogans de lo que técnica y objetivamente es lo mejor para empleador y trabajador, es decir, para las personas y sus familias. En definitiva para Chile.


Mauricio Maturana C.

Abogado

europapress