MADRID, 23 (EUROPA PRESS)
La Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) ha advertido que el hígado graso no alcohólico, conocido como esteatosis hepática metabólica, afecta a un tercio de la población adulta en los países occidentales y supone una "preocupación creciente" para los expertos, que alertan de que podría situarse como la principal causa de cirrosis, carcinoma hepatocelular y trasplante hepático.
Según ha detallado la sociedad científica, la prevalencia de esta afección ronda el 32 por ciento en España, y aunque la mayoría de los casos presentan formas leves, alrededor de un 10 por ciento de los pacientes desarrolla fibrosis avanzada y, de estos, en torno a un dos por ciento acaba evolucionando a cirrosis.
La esteatosis hepática metabólica, igual que otras enfermedades del hígado, es prácticamente asintomática al inicio y puede permanecer "oculta" durante años, lo que retrasa su diagnóstico hasta fases avanzadas. Por ello, los especialistas la califican como una "epidemia silenciosa".
A la falta de síntomas visibles se suma el hecho de que algunos parámetros utilizados con frecuencia para detectar enfermedad hepática, como las tranaminasas, pueden mantenerse dentro de rangos normales incluso en presencia de la patología, lo que demora aún más el diagnóstico y la intervención precoz.
La especialidad de aparato digestivo tiene un importante papel en su abordaje, lo que llevó a la esteatosis hepática metabólica a ser una de las temáticas que centraron el 85 Congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva, que se celebró en Sevilla del 11 al 13 de junio.
DETERMINANTES SOCIALES
En este encuentro, el experto de la SEPD y director de la Cohorte Cantabria, Javier Crespo, abordó la influencia de los determinantes sociales en el desarrollo de la patología. "Existe un aforismo que sostiene que el código postal influye más que el código genético en la esteatosis hepática metabólica; no es del todo así, pero sí tiene parte de verdad", afirmó en la ponencia 'Epidemiología del MASD: determinantes sociales'.
Según explicó, las personas con mayor vulnerabilidad socioeconómica presentan con mayor frecuencia obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad hepática metabólica, como consecuencia de las dificultades para acceder a información sanitaria de calidad, una mayor exposición a alimentos ultraprocesados y de poca calidad nutricional y un entorno que favorece el sedentarismo.
Además, se refirió al estigma que rodea a la esteatosis hepática metabólica y a la obesidad, sobre las que existe la "percepción errónea" de que su origen se debe, "en exclusiva", a decisiones individuales, cuando en realidad intervienen "múltiples factores biológicos, ambientales y sociales que condicionan su aparición y evolución".
En este contexto, el doctor Crespo insistió en que la prevención del hígado graso no alcohólico no puede recaer solo sobre el individuo, sino que son necesarias "estrategias coordinadas" de educación, salud pública y promoción de hábitos saludables, incluyendo una alimentación basada en un patrón de dieta mediterránea y la práctica de actividad física.
AVANCES EN EL TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO
La especialista en Aparato Digestivo en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander Paula Iruzubieta, experta de la SEPD, destacó en su ponencia 'Diagnóstico y estadificación en la selección de candidatos a los nuevos tratamientos' la revolución que ha experimentado el abordaje de la esteatosis hepática metabólica con la llegada de nuevos fármacos.
"Hasta hace poco, las recomendaciones sobre alimentación saludable, pérdida de peso y actividad física constituían prácticamente las únicas herramientas disponibles para frenar la progresión de la enfermedad", señaló, al tiempo que subrayó que "la situación ha cambiado con la llegada de los primeros tratamientos farmacológicos específicamente dirigidos a las formas más avanzadas de la enfermedad".
Iruzubieta detalló que estos fármacos son los primeros que pueden resolver la inflamación hepática característica de la enfermedad y mejorar la fibrosis, abriendo la puerta a modificar su historia natural y reducir el riesgo de complicaciones graves.
Junto a estas terapias ya aprobadas, hay múltiples moléculas en fases avanzadas de investigación clínica, así como nuevas estrategias de combinación terapéutica. "El futuro es muy prometedor", subrayó la experta.
La llegada de los nuevos tratamientos ha convertido la estratificación de los pacientes en un elemento clave del abordaje clínico, según comentó la doctora, quien aseguró que "el éxito o el fracaso" dependerá, "en buena medida", de la capacidad de los profesionales para "seleccionar bien el paciente".
DIAGNÓSTICO NO INVASIVO
Por otra parte, Paula Iruzubieta destacó los progresos en el ámbito del diagnóstico, donde la incorporación de herramientas no invasivas permiten evaluar el grado de fibrosis y el riesgo de progresión de la enfermedad sin necesidad de recurrir sistemáticamente a la biopsia hepática.
Entre las nuevas tecnologías destacan índices analíticos sencillos, como el FIB-4, y técnicas de imagen como la elastografía hepática. Estas técnicas, junto a una valoración del contexto clínico del paciente (edad, comorbilidades...) permiten seleccionar mejor qué pacientes deben ser derivados a hepatología, cuáles necesitan un seguimiento más estrecho y cuáles podrían beneficiarse de los nuevos tratamientos con fármacos.
La experta también comentó que "el cambio de nomenclatura de la esteatosis hepática metabólica, conocida anteriormente como hígado graso no alcohólica, ha contribuido a reforzar la idea de que se trata de una manifestación hepática de la disfunción metabólica". Esto es "relevante" porque "integra el diagnóstico hepático con la valoración de factores como la obesidad, la diabetes tipo 2, la dislipemia, la hipertensión o el riesgo cardiovascular".