​Cuando el hospital reemplaza a la red de cuidados

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Chile debate listas de espera, falta de especialistas y financiamiento sanitario. Pero hay un problema menos visible que revela una falla estructural: los pacientes sociosanitarios. Son personas que ya no requieren hospitalización clínica, pero no pueden volver a sus hogares por falta de una red de apoyo. Así, ocupan camas que deberían estar disponibles para otros. Se estima que más de mil personas viven esta situación en la red pública, con un costo por día cama que duplica o triplica el de dispositivos alternativos.


El fenómeno no es marginal ni transitorio. Con el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas, los hospitales tienen cada vez más dificultades para dar continuidad al cuidado tras la fase aguda. El problema no es hospitalario, sino externo: familias sobrecargadas, falta de cuidados domiciliarios, escasa oferta de larga estadía, débil coordinación entre salud y desarrollo social y ausencia de seguimiento efectivo de personas dependientes. Tampoco se resuelve con más camas de alta complejidad, porque sería la opción más cara e ineficiente.


Para avanzar, el país necesita abordar tres medidas concretas. En primer lugar, es urgente desarrollar una red nacional de cuidados de transición que permita a los pacientes continuar su recuperación en dispositivos intermedios, residencias transitorias o programas domiciliarios especializados. Esto requiere financiamiento basal estable —no fondos concursables— y una definición legal clara de qué entidad pública es responsable de proveer y supervisar estos espacios.


Asimismo, se debe fortalecer el rol de la atención primaria como articuladora de los cuidados de largo plazo. La dependencia funcional debe gestionarse precozmente en la comunidad y no cuando ya se ha transformado en una crisis hospitalaria. Hoy, el per cápita de la APS no contempla explícitamente la gestión de casos de dependencia severa. Sin recursos etiquetados y equipos dedicados, la atención primaria no puede cumplir ese rol por pura buena voluntad.


Por último, resulta indispensable establecer una gobernanza común entre salud y desarrollo social. Hoy los pacientes sociosanitarios quedan atrapados entre dos sistemas que operan con lógicas, presupuestos y responsabilidades distintas. El debate sobre el Sistema Nacional de Cuidados debe incorporar este nudo: la interfaz entre la hospitalización aguda y la vida comunitaria es hoy tierra de nadie institucional.


Si no construimos una respuesta adecuada, los hospitales seguirán absorbiendo problemas que pertenecen al ámbito social. Resolver esto no requiere una gran reforma ideológica; exige gestión, coordinación institucional y honestidad presupuestaria. Seguir financiando camas de alta complejidad para pacientes que no las necesitan es una decisión cara, ineficiente y, sobre todo, injusta para quienes sí las necesitan y no las encuentran disponibles.


Luis Castillo

Decano Facultad de Ciencias de la Salud

Universidad Autónoma de Chile

europapress