​Oriente Medio: ¿inicio de un Acuerdo o de un Desacuerdo?

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La firma del Memorando de Entendimiento de 14 puntos entre Estados Unidos e Irán, representará el punto de inflexión geopolítico más interesante en lo que va de este año 2026. Tras más de cien días de hostilidades en el golfo Pérsico, un bloqueo naval estadounidense a las naves con intereses iraníes y a la clausura de facto del estrecho de Ormuz por parte del país persa, que arrastró a la economía global a su mayor crisis energética de tiempos recientes, Washington y Teherán ensayan una tregua pragmática. Sin embargo, desde la perspectiva del equilibrio del poder en Eurasia, el documento plantea una interrogante estructural: ¿estamos ante la arquitectura de un orden regional cooperativo o ante el prólogo de un desacuerdo mayor y más sofisticado?


Si se analiza el borrador del texto a ser firmado, en su inicio, es estrictamente operacional y marítimo. Los artículos 4 y 5 abordan el síntoma más crítico de la crisis: el estrangulamiento de las líneas de comunicación marítimas (SLOC). La orden mutua, de reabrir el estrecho de Ormuz y levantar el bloqueo naval en un plazo máximo de 30 días, busca devolver el tráfico mercante a los volúmenes previos al 28 de febrero, de aproximadamente 130 buques diarios. No obstante, el principal desafío técnico y de seguridad radica en la presencia de campos minados. Los plazos asociados a la verificación y limpieza de zonas con minas antibuque requerirán un plazo no inferior a 45 días de operaciones de desminado, no estando definido quién lo hará o quién será el responsable. Probablemente, lo antes mencionado, será requisito para que las principales agencias de seguros marítimos, retiren la clasificación de "zona de riesgo de guerra", que afecta, no solo el movimiento de naves sino además a los costos. Asimismo, la navegación se reanudará manteniendo el riesgo del potencial cobro de algún servicio que Irán quiere implementar. Para las navieras occidentales, aceptar que la llave de paso de la principal arteria petrolera del planeta dependa de la geografía y los términos de Teherán, es una concesión que altera el histórico axioma angloamericano del libre tránsito global.


Este estrangulamiento prolongado llevó el precio del crudo Brent a máximos históricos, cercanos a los 120 dólares por barril, impactando de forma directa el bolsillo de los consumidores globales. Con el anuncio del pacto, la expectativa de una inyección progresiva de los 2.5 millones de barriles diarios de la capacidad exportadora iraní, facilitada por la emisión de exenciones de la exportación de crudo y petroquímicos (Artículo 10), ha provocado un alivio financiero inmediato. El crudo Brent ya registra un desplome hacia la zona de los 83 dólares, lo que se traducirá en las próximas tres a cuatro semanas en una reducción estimada de entre el 12% y el 15% en el precio de los combustibles refinados (gasolina y diésel); sin embargo, debido a las incertidumbre que aún existen sobre las intenciones de Irán de establecer algún tipo de cobro y el restablecimiento seguro del tránsito de todas las naves por el estrecho, complican que los valores puedan volver a los niveles pre conflicto .


Más allá del ámbito naval y comercial, el acuerdo se sostiene sobre un andamiaje diplomático de incentivos que desafía la lógica tradicional de la disuasión. La exigencia de un compromiso de Washington, junto a socios regionales, de diseñar un plan de rehabilitación y desarrollo económico para Irán, dotado de, al menos, 300.000 millones de dólares (Artículo 6), equivale a una capitulación de la política de "presión máxima". Irán ha logrado transformar sus capacidades de guerra asimétrica y el alcance de su red de aliados en el "Eje de la Resistencia", logrando además un alto el fuego permanente que incluye explícitamente al frente de Líbano (Artículo 1), en palancas de negociación para el desbloqueo de miles de millones de dólares en fondos congelados. Las condiciones imponen que las negociaciones finales no arrancarán formalmente hasta que el 50% de estos fondos estén disponibles y las sanciones petroleras suspendidas, otorgando a Teherán una posición de fuerza.


No obstante, la fragilidad de este marco radica en que pospone, bajo la fórmula de un statu quo temporal de 60 días (Artículo 9), los vectores reales del conflicto. El Artículo 8 reitera el compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares, pero deja el destino del material enriquecido acumulado y los detalles técnicos de la verificación para el texto final. Esta ambigüedad estratégica convierte el acuerdo en un texto interino. Mientras que la diplomacia de mediación, liderada por Pakistán y Qatar, celebra el fin inmediato de los bombardeos, en la práctica, estas concesiones se podrían entender como una ventana de vulnerabilidad. La promesa de EE.UU. de retirar fuerzas de las áreas circundantes tras el pacto definitivo y no incrementar su presencia militar actual, desarma el dispositivo de contención avanzado que ha garantizado la estabilidad regional desde la doctrina Carter, dejando a los aliados locales expuestos ante el potencial rearme de las milicias proiraníes.


A la luz de este balance, el optimismo de los mercados financieros debe tomarse con cautela. El acuerdo es, fundamentalmente, un repliegue táctico motivado por el desgaste mutuo. Para la administración estadounidense, el costo político interno de la inflación energética y la inviabilidad de una guerra de desgaste total contra el territorio iraní han forzado la vía diplomática. Para la República Islámica de Irán, el colapso económico doméstico bajo el bloqueo naval hacía imperativo un alivio financiero inmediato, sacrificando, al menos temporalmente, su amenaza y agresividad operacional.

El talón de Aquiles de este Memorando de Entendimiento es su propia ambición, por la amplitud de tópicos que aborda. Al pretender vincular la seguridad marítima del golfo Pérsico con el desarme nuclear, la neutralización de los riesgos por minas subacuáticas, el cese de hostilidades de Hezbollah en el Levante y una reconfiguración económica regional avalada por una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU (Artículo 14), el documento crea un sistema hipercomplejo donde el fallo de una sola variable colapsará el conjunto.


¿Inicio de un Acuerdo o de un Desacuerdo? Si la historia del tablero de ajedrez de Oriente Medio sirve de guía, los próximos 60 días no producirán una paz definitiva ni un nuevo mapa de cooperación de seguridad regional. Lo alcanzado es una tregua armada, fuertemente financiada y técnicamente condicionada. El estrecho de Ormuz, que ha validado la relevancia de las SLOC y los puntos de estrangulamiento, seguirá bajo amenaza, tanto por el tiempo que demore su recuperación como ruta segura como por la intención de Irán de obtener una mayor control y pago por su uso. Es así como, el éxito de este acuerdo no se medirá en los barriles de petróleo que comiencen a fluir a contar de esta semana, sino en la capacidad de verificar que los recursos inyectados no se conviertan, a mediano plazo, en el arsenal del próximo desacuerdo regional.


Leonardo Quijarro S.

Profesor Residente Academia de Guerra Naval

Docente Investigador del Centro de Estudios Navales y Marítimos (CENAM)

Senior Fellow en Miami Strategic Intelligence Institute

Contraalmirante (R)

europapress