Las Cámaras de Comercio son asociaciones gremiales, sin fines de lucro, formadas por personas, o empresas, que tienen actividades e intereses comunes y que procuran el mejor desarrollo de sus socios, intercambiando información, contactos, asesoría profesional y oportunidades de negocios. Un efecto de largo plazo de estas asociaciones es que este esfuerzo se traduce, en mejores posibilidades de crecimiento económico del país.
En Chile, las más antiguas son Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), creada en 1838, Cámara Nacional de Comercio (CNC), formada en Valparaíso en 1858, Sociedad Nacional de Minería (SONAMI), formada en el año 1883, y Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), establecida en el mismo año.
Existen, también, Cámaras Regionales, a lo largo de todo el país.
Cabe mencionar a la Asociación de Industriales de Antofagasta, creada en 1944 y que, entre otras actividades, ha organizado la feria minera EXPONOR, que, recientemente se concluyó. En ella participaron más de 1300 expositores, provenientes de 36 países, con una asistencia de público de más de 60.000 personas. Se consolida, de esta manera, Antofagasta como uno de los polos mineros más importantes del mundo.
Otras Cámaras Regionales destacadas son Sociedad Nacional de Pesca (SONAPESCA) y la Asociación de Molineros del Sur.
El propósito general de todas estas Cámaras de Comercio es un aumento en el intercambio comercial y profesional de sus asociados, tanto con sus clientes locales, como con aquellos del exterior, y, en lo que sea necesario, cooperar para que se corrijan las distorsiones que se presenten en los mercados.
En el ámbito internacional, según lo ha señalado la Organización Mundial de Comercio (OMC), “el comercio exterior actúa como un motor fundamental para el desarrollo económico y social. Sus efectos principales incluyen elevar el nivel de vida, la creación de empleo, el acceso a una mayor variedad de bienes y la garantía de un entorno comercial seguro y estable”.
Al analizar la historia de Chile, se observa que, desde los primeros años de la Independencia, en el año 1810, los gobiernos patrios procuraron el aumento del comercio con otros países. En el Mensaje de nuestro Código Comercio, del año 1865, se hace mención a las leyes de 21 de febrero de 1811, que permitieron el comercio con las naciones amigas o neutrales.
El artículo 19 de las leyes de febrero de 1811, dispone que, “La introducción marítima de dinero para comprar frutos o efectos del país y llevarlos al extranjero, estará enteramente libre de derechos”. Agrega el artículo 30, que los “fabricantes, agricultores y artesanos extranjeros, desde que sean avecindados en este Reino, deben reputarse como naturales de él, y así sus manufacturas se mirarán como del país para que gocen de las rebajas y exenciones que se concedieren a ellas.”
Llama la atención que, ya en esa temprana época, se reconocen principios jurídicos relativos al libre flujo internacional de capitales y a la no discriminación entre chilenos y extranjeros.
Una de las orientaciones principales, tanto de los gobiernos, empresarios y Cámaras de Comercio, se ha fundado en el incremento del comercio con naciones amigas, como, con mucha sabiduría disponían las leyes de febrero de 1811.
Una estadística simple del comercio exterior total (exportaciones e importaciones) desde la Independencia hasta la fecha, nos indica las siguientes cifras:
Desde el volumen básico de los años iniciales, el crecimiento del comercio exterior hasta la fecha muestra un ritmo sostenido, salvo la enorme baja en el año 1932, que redujo el intercambio en un 80%, como consecuencia de la Crisis Mundial, por la caída de la bolsa de Nueva York.
El crecimiento es muy notable en la última década.
No cabe duda que en estos resultados, han contribuido de manera muy significativa los esfuerzos de muchos gobiernos, negociando Tratados de Libre Comercio, como también aquellas asociaciones gremiales mencionadas.
Otro efecto de las leyes de febrero de 1811 fue la creciente participación de empresarios extranjeros, que se avecindaron en Chile, quienes fueron considerados como naturales de este país.
A los ciudadanos de origen español, que ya estaban radicados en Chile, se agregaron, a lo largo de los años, muchos de diversos países, tales como ingleses, alemanes, franceses, italianos. Con el tiempo, se sumaron otros, de distintos orígenes: Argentina, Perú, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Holanda, Polonia, Bélgica, Japón, Taiwán, Corea, Hong Kong, República China, Australia, Nueva Zelanda, India, y tantos otros.
Una característica común de varios de estos grupos de empresarios, que venían de otros países, es que, junto con reconocer la institucionalidad chilena y arraigarse plenamente, han mantenido los contactos entre ellos y su idioma materno, creando clubes deportivos y también colegios, donde educan a sus hijos y, además, asociándose en Cámaras de Comercio.
Las Cámaras de Comercio Binacionales se han sumado, con resultados muy positivos, a este esfuerzo del intercambio comercial con naciones amigas, que ha producido el impresionante crecimiento del comercio exterior, que se observa en el cuadro, más atrás.
Es así, que el intercambio con la Unión Europea creció (en millones de US$) desde US$19.937.- en el año 2015, a US$22.359.- en 2025, en tanto que, con Estados Unidos crece de US$20.051.- en 2015 a US$33.908.- en 2025 y con la República China, desde US$31.471.- en 2015 a US$65.332.- en 2025.
En lo que se refiere a América Latina, el intercambio global en 2025 alcanzó (en millones de US$) a US$32.000.-, destacándose Brasil con US$12.600.-, seguido de Argentina con US$8.000.-, luego Perú y Méjico con US$4.000.- y finalmente Colombia y Ecuador, cercanos a US$2.000.-
José Luis López Blanco, Presidente
Sergio López Blanco, Director Ejecutivo
ASLCORP Consulting