Seguir un patrón alimentario de mayor calidad se asocia con un menor riesgo de muerte en personas con enfermedad renal crónica (ERC), según ha concluido un estudio liderado por investigadoras de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que enfatizan la importancia que puede tener la dieta en la supervivencia de los pacientes.
El trabajo, publicado en 'The American Journal of Clinical Nutrition', ha analizado durante una media de 11,4 años a 4.102 adultos de entre 40 y 70 años con enfermedad renal crónica procedentes de la cohorte británica 'UK Biobank'. En el periodo de estudio, falleció el 17 por ciento de los participantes.
Según los resultados, las personas con mayor adherencia a la dieta mediterránea, la dieta DASH (siglas en inglés de Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) y el Índice Alternativo de Alimentación Saludable 2010 presentaban un 27, un 32 y un 23 por ciento menos riesgo de mortalidad, respectivamente, en comparación con quienes seguían en menor medida estos patrones alimentarios.
En el otro extremo, una mayor adherencia a una dieta con mayor potencial inflamatorio se asoció con un 30 por ciento más riesgo de muerte.
Aunque las guías clínicas actuales destacan la importancia de la alimentación en el manejo de esta enfermedad, la evidencia sobre la influencia de la calidad global de la dieta en la supervivencia de pacientes europeos sigue siendo limitada. Por ello, el equipo se planteó cubrir esta laguna de conocimiento.
"Los resultados que hemos obtenido aportan nueva evidencia sobre el papel de la calidad global de la dieta en personas con enfermedad renal crónica para disminuir el riesgo de mortalidad", ha señalado la doctora Mercedes Sotos Prieto, profesora titular de la UAM, profesora asistente adjunta en la Universidad de Havard e investigadora principal del proyecto.
ALIMENTOS BENEFICIOSOS
El estudio ha identificado alimentos concretos asociados a una menor mortalidad. Un mayor consumo de frutos secos, legumbres, cereales integrales, productos lácteos bajos en grasa, una menor ingesta de sodio (sal), grasas saturadas y grasas trans, se asoció de forma independiente con un menor riesgo de muerte.
En conjunto, los hallazgos apuntan a que no solo importan los nutrientes aislados, sino también la calidad global de la alimentación y la combinación de alimentos que conforman la dieta habitual.
Para las autoras, los resultados obtenidos refuerzan la idea de que mejorar la calidad de la dieta puede ser una herramienta complementaria a los tratamientos médicos habituales en personas con enfermedad renal crónica.
En esta línea, han señalado que, en el futuro, estos hallazgos podrían contribuir a actualizar las recomendaciones dietéticas dirigidas a personas con enfermedad renal crónica y al diseño de programas de prevención y cuidado orientados a mejorar su salud y calidad de vida.
La enfermedad renal crónica, cada vez más frecuente, se produce cuando los riñones pierden progresivamente su capacidad de filtrar la sangre y eliminar sustancias de desecho. En sus fases más avanzadas puede requerir tratamientos como la diálisis o el trasplante. Además, muchos pacientes presentan también hipertensión, diabetes o enfermedad cardiovascular, lo que incrementa el riesgo de complicaciones y mortalidad.
La investigación ha contado con participación del área de Epidemiología y Salud Pública del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERESP), IMDEA Nutrición, el Karolinska Institutet (Suecia) y la Universidad de Harvard (Estados Unidos).