Estrategia en el debate universitario: educación superior y desarrollo regio al en la era digital

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Nassib Segovia Luis Riveros

El debate sobre educación superior se ha concentrado en el modo de evaluar el desempeño interno de las instituciones, brindando especial atención a matrícula, procesos de acreditación, producción científica y resultados de titulación. Sin embargo, una cuestión muy relevante ha permanecido en segundo plano: la capacidad de las universidades para contribuir al desarrollo de las regiones y ampliar, mediante docencia, investigación y vinculación con el medio, las oportunidades de tales territorios. Este aspecto adquiere gran relevancia debido a las asimetrías presentes: las regiones enfrentan desafíos productivos, sociales y demográficos que exigen capacidades para generar conocimiento, formar capital humano e impulsar procesos de innovación. Ello obliga a entender la educación superior no solo como un espacio de formación profesional, sino también como un actor estratégico del crecimiento y el bienestar regional. En este contexto, la concentración de la investigación, la innovación y la formación de postgrado en la Región Metropolitana revela una brecha que trasciende al sistema universitario y limita las posibilidades de avanzar hacia un desarrollo más equilibrado e integrado.


La experiencia internacional ha conducido al concepto de universidades como instituciones ancla, es decir organizaciones capaces de movilizar conocimiento, atraer talento, generar redes de colaboración y dinamizar economías locales. Consorcios universitarios del norte de Inglaterra tras la desindustrialización o universidades estatales que impulsaron clústeres tecnológicos en regiones periféricas de Finlandia y Corea del Sur, ilustran cómo las instituciones de educación superior pueden convertirse en actores deliberados del desarrollo territorial cuando existe una estrategia pública que lo incentiva. Así, emerge una tensión que el debate aún no aborda con profundidad, ya que el paradigma de las universidades como instituciones ancla fue concebido para organizaciones físicamente arraigadas en un territorio, mientras una proporción creciente de la educación superior se desarrolla hoy por medios digitales. Una universidad ubicada en, por ejemplo, Valparaíso puede estar formando profesionales que viven y trabajan en Arica, Talca o Punta Arenas, ampliando oportunidades que en muchos casos habrían exigido migrar o abandonar proyectos formativos. Por ello la discusión se desplaza desde la ubicación de una institución hacia los territorios donde efectivamente genera capacidades y movilidad social. 


Vista desde esta óptica, la educación online puede convertirse en una herramienta de descentralización más potente que la construcción de nuevos campus regionales. Cada vez más estudiantes de programas online en Chile residen en regiones distintas a la sede de su universidad, especialmente cursando programas de segundo título (Advance), educación continua y postgrado. Esto que sugiere que una parte importante de ellos habría enfrentado la disyuntiva de migrar, postergar su formación o renunciar a ella. Esto sitúa a la modalidad digital como un mecanismo real de reducción de brechas territoriales y no solo como una alternativa de conveniencia para los estudiantes.


La Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior 2026-2038, reconoce la importancia de fortalecer la relación entre las instituciones y los territorios donde desarrollan su labor. Así, auspicia una mayor articulación con redes de gobernanza regional y agendas de ciencia e innovación vinculadas a cada región, junto con mecanismos de financiamiento orientados a reconocer la diversidad de funciones que cumplen las instituciones. Aunque estas orientaciones representan un avance significativo, la noción de territorio continúa asociándose principalmente a presencia física, dificultando reconocer el aporte de aquellas entidades que, mediante modalidades digitales, forman capital humano, amplían el conocimiento y fortalecen capacidades en lugares donde no cuentan con campus ni infraestructura permanente. 


Mientras estas experiencias contribuyen a retener talento y ampliar el acceso a formación avanzada en regiones, su impacto permanece escasamente considerado en los instrumentos con que el Estado evalúa y financia el sistema. La principal dificultad radica en que la evaluación institucional continúa concentrándose en indicadores que describen lo que ocurre dentro de las organizaciones, mientras existe escasa información para comprender cómo contribuyen al desarrollo de los territorios donde sus estudiantes viven y trabajan. Avanzar en esta dirección exige contar con datos sobre la distribución geográfica de los egresados, su inserción laboral y la demanda de formación continua, ya que sin esa evidencia resulta difícil dimensionar el aporte que estas instituciones realizan al desarrollo regional.


La verdadera discusión ya no radica únicamente en dónde se encuentran las instituciones de educación superior, sino en su capacidad para generar conocimiento, formar capital humano y ampliar oportunidades en los territorios donde las personas viven y trabajan. La Estrategia 2026-2038 abre una oportunidad para avanzar en esa dirección, aunque su éxito dependerá de la capacidad de construir mecanismos que permitan reconocer y valorar el aporte efectivo de las instituciones al desarrollo territorial, incluyendo aquellas que mediante modalidades digitales, contribuyen a fortalecer capacidades y oportunidades en distintas regiones del país. 


Prof. Luis A. Riveros, Profesor Emérito, Universidad de Chile; 

Prof. Nassib Segovia, especialista en educación superior, académico UNIACC.

europapress