Cada 31 de mayo se conmemora el Día Mundial Sin Tabaco, fecha que busca concientizar y educar a la ciudadanía sobre el conjunto de enfermedades que están asociadas a este mal hábito, entre ellas, el uso de vapeadores. En Chile, se estima que el 34,7% de estudiantes entre octavo básico y cuarto medio ha consumido cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida, mientras que un 8,6% lo hace de manera mensual.
Según explicó el doctor Alberto Vidal, broncopulmonar infantil de Clínica MEDS, “estos dispositivos son altamente adictivos y dañinos para la salud”, precisando que “contienen sustancias químicas nocivas para los pulmones jóvenes, como nicotina, alcoholes, aldehídos, benceno, tolueno, nitrosaminas y metales pesados”.
El especialista agregó que “el consumo puede provocar bronquitis, riesgo de neumonía, exacerbaciones del asma, deterioro de la función pulmonar, lesión pulmonar aguda grave por vapor electrónico y secuelas respiratorias a largo plazo por los componentes tóxicos o cancerígenos”. A ello se suman efectos cardiovasculares: “se ha demostrado impacto en el corazón y los vasos sanguíneos, como arritmias o engrosamiento de las grandes arterias”.
En el ámbito neurológico, señaló que “pueden producir cambios en la estructura y función cerebral, resultando en daño cognitivo y alteraciones de la conducta”. Asimismo, advirtió que “otra consecuencia del consumo son las alteraciones de la salud bucal, lo que aumenta el riesgo de caries, enfermedad periodontal y decoloración de los dientes”.
El facultativo subrayó, además, el efecto de puerta de entrada a otras sustancias: “se ha demostrado que los adolescentes que consumen cigarrillos electrónicos tienen más riesgo en el futuro de consumir tabaco tradicional, marihuana, otras drogas e incluso psicofármacos”.
Respecto del aumento de estos dispositivos entre los adolescentes en Chile, indicó que “han incrementado su popularidad en redes sociales, siendo percibido como productos menos dañinos que el tabaco tradicional, divertidos y hecho para jóvenes”. En esa línea, explicó que “las características propias de la adolescencia, como la curiosidad por experimentar, la menor percepción de riesgo y el sentido de pertenencia al grupo, favorecen su consumo”.
“Los colores, sabores, aromas, su bajo costo y fácil acceso los hacen especialmente atractivos”, añadió. Además, advirtió que “mientras más amigos consumen cigarrillos electrónicos, mayor es la probabilidad de vapear”, y que “vivir en un hogar en el cual se fuma o se permite fumar tabaco tradicional o cigarrillos electrónicos se considera un factor favorecedor para el consumo”.
En este sentido, aseguró que “condiciones que afectan la salud mental, como ansiedad y depresión pueden aumentar el riesgo de consumir cigarrillos electrónicos simultáneamente con los tradicionales y/o marihuana”.
Respecto al rol que ha tenido la industria tabacalera, el broncopulmonar infantil de la Clínica MEDS afirmó que “ha desarrollado estrategias publicitarias con foco en adolescentes, promocionando los cigarrillos electrónicos como producto para dejar de fumar, lo cual no tiene evidencia científica en esta etapa de la vida y, lamentablemente, ha provocado que sean tres veces más populares en adolescentes que en los adultos”
En cuanto a la regulación en Chile sobre la venta de cigarrillos electrónicos —con y sin nicotina— y líquidos de vapeo, que está próximo a cumplir un año, el médico valoró el avance, aunque subrayó que resulta insuficiente. “Los padres siempre serán un ejemplo para imitar por los adolescentes, por lo que no se recomienda que consuman cigarrillos tradicionales o electrónicos. Una adecuada comunicación, sin prejuicios ni estigmatizaciones, respecto a los riesgos para la salud favorece la prevención o el cese del consumo de estos productos”, sostuvo.
Finalmente, el profesional destacó la importancia de fortalecer la educación preventiva en establecimientos educacionales, involucrando a estudiantes, padres y docentes, junto con promover la capacitación continua en el sistema de salud y el uso de herramientas digitales orientadas a la prevención. “La reducción del consumo de vapeadores es una responsabilidad compartida”, concluyó.