​La economía que se está informalizando

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Carla Huerta

La informalidad dejó hace tiempo de ser únicamente un problema laboral. Hoy también se transformó en uno de los principales factores de distorsión económica para miles de empresas que sí cumplen obligaciones tributarias, previsionales y regulatorias en un entorno cada vez más competitivo y desacelerado.


Las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas muestran que la tasa de ocupación informal alcanzó 26,5% durante el trimestre enero-marzo de 2026, equivalente a cerca de 2,5 millones de personas. El dato no solo refleja precariedad laboral. También evidencia un fenómeno económico más profundo: el crecimiento sostenido de actividades que operan parcial o completamente fuera de las reglas formales del sistema.


La discusión pública suele abordar la informalidad desde una perspectiva social o de vulnerabilidad. Sin embargo, existe otra dimensión que muchas veces queda relegada y que afecta directamente la sostenibilidad del ecosistema productivo formal.


Mientras miles de pequeñas y medianas empresas enfrentan costos tributarios, laborales, administrativos y regulatorios crecientes, una parte importante de la economía comienza a operar con menores cargas, controles y obligaciones. El resultado es una competencia progresivamente desigual.


Las pymes probablemente son quienes enfrentan con mayor intensidad este escenario. A diferencia de grandes compañías que poseen estructuras de cumplimiento consolidadas y mayor capacidad financiera, muchos pequeños negocios operan con márgenes estrechos y alta sensibilidad frente a cualquier aumento de costos.


Cuando la informalidad aumenta, no solo disminuye la recaudación fiscal, también se debilita el incentivo a mantenerse dentro del sistema formal. Quienes cumplen comienzan a competir en desventaja frente a actores que pueden ofrecer menores precios precisamente porque operan sin asumir los mismos costos regulatorios.


El problema adquiere especial relevancia en un contexto de bajo crecimiento económico y desaceleración prolongada. Según el Banco Central, la inversión continúa mostrando señales de debilidad y las expectativas empresariales permanecen afectadas por la incertidumbre económica y regulatoria.


En este escenario, insistir únicamente en mayores cargas o nuevas obligaciones de cumplimiento puede terminar profundizando incentivos hacia la informalidad, especialmente en sectores más vulnerables o de menor escala.


Combatir esta problemática requiere fiscalización eficiente, pero también exige revisar las condiciones bajo las cuales opera actualmente el sistema formal. Simplificación tributaria, reducción de burocracia, estabilidad regulatoria y mecanismos de incentivo al cumplimiento resultan fundamentales si realmente se busca ampliar la base formal de la economía.


La discusión no puede limitarse únicamente a cuánto recauda el Estado. También debe considerar qué tan sostenible resulta el entorno económico para quienes generan empleo, invierten y permanecen dentro de las reglas.


Porque cuando cumplir se vuelve progresivamente más costoso y operar fuera del sistema parece cada vez más viable, el problema deja de ser únicamente tributario y pasa a convertirse en una amenaza estructural para el crecimiento.


Carla Huerta

Abogada Tributaria

europapress