​Sala cuna universal: la medida pendiente de la agenda pro crecimiento

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El Ministerio de Hacienda ha presentado al Congreso una ambiciosa agenda de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, con el objetivo declarado de recuperar crecimiento, incentivar inversión y generar más empleos. La orientación general es correcta, dado que Chile no puede normalizar un mercado laboral débil, con desempleo elevado, informalidad persistente y una economía que necesita volver a crecer.


Sin embargo, en esa discusión hay una medida que debiera ocupar un lugar mucho más visible y que parece seguir relegada a una agenda secundaria: la sala cuna universal. Se ha informado por la prensa que el Ministerio del Trabajo espera para la primera quincena de junio reactivar su tramitación en el Congreso Nacional. Hacemos votos para que asi sea y no se vuelva a postergar esta urgente medida para el crecimiento del país.


Durante años -especialmente por la dirección del Gobierno anterior- se ha tratado este debate como si fuera exclusivamente una política social, de cuidado o de corresponsabilidad familiar. Todo eso es cierto, pero insuficiente. La sala cuna universal es también una medida económica y esencial para combatir el desempleo. En un país que necesita crecer, aumentar productividad y formalizar empleo, remover barreras que impiden o dificultan la incorporación de más mujeres al trabajo debiera ser parte natural de cualquier agenda pro crecimiento.


Los datos muestran que existe un enorme capital humano subutilizado. Según el INE, en el trimestre enero-marzo de 2026 la tasa de desocupación femenina alcanzó un 10,0%, mientras que la participación laboral de las mujeres llegó a 53,4% y su tasa de ocupación a 48,1%. Además, la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial fue de 20,8% en mujeres, bastante por sobre la de los hombres.


No estamos, por tanto, frente a una discusión ideológica. Cuando miles de mujeres no pueden entrar, mantenerse o progresar en el mercado laboral por falta de redes de cuidado, el país pierde ingresos, talento, productividad y crecimiento potencial.


La evidencia internacional también apunta en esa dirección. La OCDE ha estimado que cerrar brechas de participación laboral y horas trabajadas entre hombres y mujeres podría elevar de forma relevante el crecimiento y el PIB per cápita hacia 2060. El Banco Mundial, por su parte, ha sostenido que cerrar brechas de género en empleo y emprendimiento podría incrementar significativamente el producto global. En ambos casos, el mensaje es simple: integrar más mujeres al trabajo formal no es solo una causa justa, también es una decisión económicamente inteligente.


En Chile, además, el problema se agrava por el diseño de la norma actual. El artículo 203 del Código del Trabajo impone la obligación de proveer sala cuna a las empresas que ocupan veinte o más trabajadoras. Es decir, el costo regulatorio no se activa por el tamaño general de la empresa ni por la existencia de trabajadores con responsabilidades familiares, sino por el número de mujeres contratadas.


Ese diseño, aunque inspirado en una finalidad legítima, genera un incentivo equivocado. No significa que todos los empleadores actúen estratégicamente para evitar la obligación, pero sí implica que el ordenamiento jurídico asocia un costo específico a la contratación femenina. En un mercado laboral frágil, esa señal regulatoria es difícil de defender.


La sala cuna universal permitiría corregir ese problema. En lugar de mantener una obligación concentrada en ciertas empresas y vinculada exclusivamente al número de trabajadoras mujeres, el sistema debiera avanzar hacia una regla general, más neutral, con financiamiento sostenible, buena gobernanza y cobertura efectiva.


Aquí es donde la discusión debe ser cuidadosa. Aprobar sala cuna universal no puede significar simplemente trasladar el costo a una nueva carga sobre el empleo formal. Sería contradictorio promover la contratación de mujeres encareciendo, al mismo tiempo, la contratación que se quiere fomentar. Si el objetivo es aumentar empleo formal, el diseño debe evitar nuevos impuestos al trabajo, especialmente sobre pequeñas y medianas empresas que ya enfrentan altos costos regulatorios.


Tampoco basta con reconocer un derecho en la ley si no existe oferta suficiente, estándares claros, participación de prestadores privados, reglas simples de acceso y una institucionalidad capaz de ejecutar la política en la práctica. Una buena idea mal implementada puede transformarse rápidamente en frustración, litigiosidad o mayor informalidad.


Por eso, la sala cuna universal debiera ser parte explícita de la agenda pro crecimiento. No como consigna, ni como legado de un Gobierno, sino como una reforma laboral y económica con impacto real en familias, empresas y productividad.


La actual administración tiene razón en poner el crecimiento nuevamente al centro del debate público. Pero una agenda de crecimiento no puede limitarse a impuestos, permisos o incentivos a la inversión. También debe hacerse cargo de las barreras que impiden que más personas puedan trabajar formalmente.


Si Chile quiere crecer más, necesita que más mujeres puedan trabajar. Y si quiere que más mujeres trabajen, debe resolver de una vez una regulación de sala cuna que, tal como está diseñada, quedó estrecha, injusta y económicamente ineficiente.


La sala cuna universal no debiera seguir esperando. Bien diseñada, puede ser una de las reformas laborales más relevantes y ambiciosas para fomentar el empleo asi como cimentar crecimiento económico sostenible de los próximos 10 años.



Rubén Soto

Socio AEM Abogados

europapress