Un nuevo estudio indica que la suplementación con pectina de origen cítrico, presente de forma natural en frutas como la naranja, podría contribuir a frenar diversas alteraciones vasculares asociadas al síndrome metabólico.
El trabajo ha sido publicado en 'Food Bioscience' y liderado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBER-CV) y el CSIC.
El síndrome metabólico agrupa alteraciones como la hipertensión arterial, el exceso de grasa corporal y los desequilibrios metabólicos que elevan el riesgo cardiovascular. En este contexto, la identificación de estrategias dietéticas complementarias adquiere una relevancia creciente.
Estudios previos han mostrado que la suplementación con pectina -una fibra soluble- puede mejorar distintos marcadores asociados a este síndrome, como la pérdida de peso y de grasa corporal, la regulación de la insulina o los niveles de lípidos en sangre.
El nuevo estudio se ha llevado a cabo en ratas alimentadas con una dieta rica en grasa, un modelo experimental ampliamente utilizado para simular el síndrome metabólico. Los investigadores analizaron la reactividad vascular, la endotoxemia y el equilibrio entre las señales simpáticas y nitrérgicas. En concreto, evaluaron tanto la contractilidad de los vasos sanguíneos como los mecanismos biológicos implicados en la regulación de la presión arterial y la función circulatoria.
Los resultados muestran que la suplementación con pectina, además de favorecer la reducción de peso, mejora distintos procesos relacionados con el control de la presión arterial.
"Observamos que esta suplementación contribuye a restablecer el equilibrio entre las señales nerviosas que promueven la contracción de los vasos sanguíneos y aquellas que inducen su relajación, lo que se traduce en una disminución de los niveles elevados de presión arterial", aseguran los investigadores.
"En conjunto, estos hallazgos refuerzan el papel de determinados componentes de la dieta, como la fibra, en la protección cardiovascular, más allá de su valor nutricional", han añadido los autores del estudio.
El trabajo se inscribe en una línea de investigación en expansión que explora el potencial de las fibras dietéticas y otros compuestos alimentarios para modular procesos clave en las enfermedades cardiometabólicas. "En un contexto marcado por el aumento de la hipertensión y la obesidad, identificar intervenciones complementarias, seguras y accesibles constituye una prioridad en salud pública", concluyen los autores.