Hace pocos días tuvo lugar el lanzamiento al espacio de un satélite de última generación, de fines civiles, por parte de la empresa vasca Satlantis, una destacada compañía con sede en Leioa (Bizkaia) especializada en tecnología espacial. El objetivo principal del satélite es la observación avanzada de la Tierra con altísima resolución. Y nada más apropiado que darle a este observatorio tecnológico el nombre de Unamuno (Innosat Unamuno), quien observaba con ojo crítico nuestra realidad terrena. Según Mikel Etxebarria, presidente de la Asociación Miguel de Unamuno Elkartea, este ha sido un gran gesto para “reivindicar en estos tiempos la figura de un intelectual comprometido y paladín del pensamiento crítico, (justamente cuando) el legado del vasco universal cobra una enorme vigencia en este mundo complejo, polarizado y en el que se arrinconan los valores humanistas”.
El lanzamiento se produce en el año en que se conmemora el 90º aniversario del fallecimiento del intelectual, lo que ha motivado a que en foros culturales y universitarios donde se estudia su obra, se esté destacando el simbolismo de que un filósofo y humanista, gran observador del alma humana y la existencia, sirva de inspiración para dar nombre a un "ojo tecnológico” que orbita nuestro planeta. Toda una metáfora, sin duda. Unamuno ya no solo viaja a través de los libros, sino también rodeando la tierra a 500 kilómetros de altura. La empresa ha señalado, con gran beneplácito de la intelectualidad y la academia vasca, que ha querido demostrar con este gesto que desde Euskadi se puede liderar la tecnología espacial, unir la innovación más futurista con una de las mentes más brillantes y universales nacidas en Bilbao. En sus comunicaciones, han destacado que es una forma de llevar el intelecto y el espíritu crítico del autor de Niebla literalmente "a lo más alto". Según informaciones de prensa, durante el lanzamiento se realizaron menciones especiales por parte de asociaciones culturales para celebrar que Unamuno esté ahora, literalmente, "en órbita".
Visto del punto de vista tecnológico, es motivo de orgullo vasco que un satélite tan avanzado lleve el nombre de Miguel de Unamuno, uniendo la ciencia de vanguardia con la literatura y la filosofía. Se destaca que es tan rápido que puede cubrir visualmente una frontera de 400 kilómetros en apenas un minuto y capaz de descargar más de 40 gigas de datos comprimidos a la Tierra en solo unos minutos al pasar sobre una antena. Incorpora dos potentes cámaras desarrolladas por la propia empresa (iSIM-90 y iSIM-170), siendo capaz de capturar imágenes en espectro visible, infrarrojo cercano (NIR) e infrarrojo de onda corta (SWIR), contando con un nuevo canal de polarimetría que amplía enormemente su capacidad para analizar la superficie terrestre (por ejemplo, para temas medioambientales, agrícolas o de seguridad).
Cabe recordar que don Miguel de Unamuno tiene un especial significado para Chile. Su pensamiento influyó en escritores y académicos de la época, mantuvo una correspondencia con algunos intelectuales chilenos y en especial con Gabriela Mistral en torno a temas como la educación y el sentido de la vida. Sus obras circulaban y eran leídas en la Universidad de Chile y la Universidad de Concepción, y lectura obligada en las clases de literatura en la enseñanza secundaria. En un artículo publicado por El Mercurio de Valparaíso (Unamuno y Chile, 24.02.1993) se hace mención no solamente a las principales obras del filósofo (por ejemplo Niebla; La Tía Tula; Vida de Don Quijote y Sancho; Paz en la Guerra; Del sentimiento trágico de la vida) que tuvieron y tienen influencia en Chile, sino también se señalan ciertos rasgos de su carácter, y recogen algunas citas de sus críticas mordaces sobre autores españoles y chilenos. En 1965, el historiador chileno Sergio Fernández Larraín publicó una recopilación de cartas inéditas de Unamuno (“Cartas inéditas de Unamuno” Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 1965) que contiene mayormente la correspondencia del filósofo con su amigo Pedro de Mugica y Luis Ross, cartas privadas que Mugica, residente en Berlín, decidió, debido a su delicado contenido político, enviar al chileno Miguel Luis Amunátegui, de quien Sergio Fernández las obtuvo para su libro, el que además prologó con el título de "Orgullo de la raza vasca". Una segunda edición fue publicada en Madrid en 1972 por Ediciones Rodas.
Unamuno nunca visitó Chile. Según afirma el artículo, Unamuno decía que aprendió a estimarlo leyendo a Ercilla. Cita también la afirmación del filósofo, muchas veces repetida, de que una de las cosas de valor universal hechas por los vascos, es la República de Chile, “país ordenado, sobrio, grave, preocupado de cultura y de justicia”. En pleno siglo XXI seguir haciéndonos merecedores de tan generosa opinión de Unamuno es un gran desafío.
Héctor Casanueva
Vicepresidente del Foro Académico Permanente América Latina, el Caribe y la Unión Europea (FAP ALC-UE).
Profesor-investigador del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social (IAES), Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, España.
Coordinador de la Cátedra de Prospectiva y Relaciones Internacionales, Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile.