​De la Furia a los ecos en el desierto

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Leonardo Quijarro2 (4)

La arquitectura de seguridad contemporánea en el Medio Oriente atraviesa un proceso de peligrosa erosión, donde la disuasión tradicional ha sido suplantada por una dialéctica en que cada una de las partes en conflicto clama éxitos sucesivos. El cese al fuego acordado la tarde del 7 de abril, alcanzado por la mediación de Islamabad, demostró su fragilidad al lograr sólo por pocas horas el reinicio del flujo de buques tanque por el estrecho de Ormuz, siendo cerrado de facto, nuevamente, por Irán el día 8 en la tarde, para luego, permitir el paso de naves solo bajo control, posiblemente incluyendo un pago, para poder continuar la navegación. Lo anterior, no representa únicamente un fracaso táctico, sino el colapso de la credibilidad estratégica bajo el peso de la operación "Furia Épica". Lo que se proyectó, desde la Casa Blanca, como una maniobra de coerción definitiva, orientada a restablecer el statu quo, mediante una demostración de fuerza abrumadora, ha derivado en un fenómeno de "ecos en el desierto", reflejo de una sucesión de ultimátums, cuya resonancia es inversamente proporcional a su ejecución fáctica. En este escenario, la tregua establecida hace menos de 24 horas se revela no como un instrumento de paz, sino como un hiato administrativo dentro de una escalada que ya escapa al control de los mecanismos diplomáticos convencionales.


Cautela Occidental o el declive de la disuasión

El despliegue de la operación "Furia Épica", bajo la administración del presidente Donald Trump, pretendía ser la culminación de la doctrina de "paz mediante la fuerza", expresión misma de un realismo clásico. No obstante, la praxis política ha transformado la "furia" en un ejercicio de postergación sistemática de acciones que demuestren esa voluntad. La reiteración de líneas rojas que, al ser vulneradas, son sucedidas por nuevos plazos de gracia, han generado un vacío que, los actores regionales, han comenzado a capitalizar.


Este sarcasmo geoestratégico, donde el ultimátum se convierte en un eco repetitivo, que pierde energía con cada iteración, ha permitido que el régimen de Teherán redefina las reglas del compromiso. La postergación, de las represalias prometidas, parece ser interpretada por Irán, no como un gesto de prudencia, sino como una erosión de la voluntad política estadounidense, incentivando una postura iraní más beligerante, decidida y, aparentemente, más fuerte.


Desde una perspectiva general, los hechos antes señalados, nos muestran un Irán que, hasta el momento, se encontraría en una mejor posición que al inicio del conflicto. Un gobierno que, a pesar del descabezamiento de su cúpula militar, política y religiosa, ha sido capaz de continuar operando y desafiando a Estados Unidos e Israel. En el plano interno, la posibilidad de alguna revuelta que conduzca a un posible cambio de régimen pareciera algo impensado en la actualidad y, en el plano militar, como se ha señalado en comunas anteriores, Irán, no solo ha sido capaz de resistir la sucesión de ataques y castigo a sus capacidades bélicas, sino que ha sido capaz de militarizar el golfo Pérsico y tomar el control del estrecho de Ormuz, poniendo en jaque a las economías del mundo.


En los hechos concretos, Estados Unidos propuso un plan de quince puntos para alcanzar un alto al fuego, el cual no fue respondido por Irán, que, por su parte, propuso otro, con diez puntos, diferentes a los presentados por Norteamérica. Finalmente, el planteamiento de Paquistán, resulta un termino medio entre ambos planes, sin embargo, deja espacios de interpretación o incertidumbre, que son aprovechados por las partes.


El Plan de 10 Puntos: Un Decálogo de Hegemonía Regional

En este contexto de vacilación occidental, el Plan de 10 Puntos de Irán, contrapropuesta a la norteamericana, emerge como una propuesta de "paz cartaginesa". El análisis de este documento revela que Teherán no busca una salida negociada al conflicto, sino una capitulación formal del orden unipolar en la región. Los ejes centrales del plan, que exigen, entre otros puntos, el control iraní del Estrecho de Ormuz, la salida de las fuerzas del CENTCOM de suelo iraquí y sirio, y el reconocimiento de su estatus como potencia nuclear de facto, son inaceptables bajo cualquier métrica de seguridad nacional para Washington y Jerusalén.


Sin embargo, la audacia de proponer tales términos reside en la percepción de que la "Furia Épica" es un tremendo esfuerzo militar, el ellos son capaces de desafiar y, potencialmente, derrotar, si es que lograsen alcanzar, al menos, parcialmente, alguno de sus planteamientos. Para el liderazgo iraní, cada día que un ultimátum es postergado es un día ganado para la consolidación de sus activos estratégicos en el "Eje de la Resistencia".


La divergencia de objetivos: el factor israelí

Mientras Washington se debate entre la retórica belicista y el pragmatismo electoral, los objetivos de Israel han divergido hacia una autonomía operativa crítica. Para el Estado de Israel, la postergación de la acción estadounidense bajo el velo de la operación "Furia Épica" representa un riesgo existencial.


1. Objetivo Militar: Israel ha pasado de la "Campaña entre Guerras" (MABAM) a una confrontación directa de alta intensidad, buscando la decapitación de las capacidades de mando y control del IRGC y la neutralización de los silos de misiles hipersónicos.


2. Objetivo Político: Socavar la legitimidad de cualquier tregua que no contemple el desmantelamiento total del programa nuclear, forzando a Estados Unidos a abandonar su ciclo de postergaciones y comprometerse con un desenlace cinético definitivo.


La ruptura parcial de la tregua, a escasas horas de su establecimiento, marcada por los continuos ataques israelís contra blancos en territorio del Líbano, subraya que Jerusalén no está dispuesto a permitir que los "ecos" de la diplomacia estadounidense dicten su margen de supervivencia.


El quiebre de Islamabad: la imposibilidad de la tregua frágil

El colapso del alto al fuego no debe ser visto como un accidente de comunicación, sino como la consecuencia lógica de intereses irreconciliables. La tregua de Islamabad nació con una anomalía congénita: fue aceptada por Estados Unidos como un mecanismo para evitar la escalada total en un año electoral, considerando las diferentes reacciones políticas internas al potencial desenlace que podrían acarrear la materialización de las amenazas expresadas, por el presidente Trump, en redes sociales, mientras que, para Irán, constituye un medio para presentar nuevos desafíos, como el requerir el control sobre el estrecho de Ormuz, renegando el derecho internacional y lo establecido en el artículo 37 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.


La reanudación de las fricciones, a menos de 24 horas del acuerdo, confirma la obsolescencia de los tratados bilaterales cuando una de las partes ha perdido la capacidad de proyectar una amenaza creíble.


Conclusión: El Retorno de la Realidad Geopolítica

Al crepúsculo del 8 de abril de 2026, el mundo enfrenta una realidad donde los ecos de los ultimátums ya no asustan a nadie en el desierto. La transición de una diplomacia de poder a una diplomacia de relato ha dejado a la comunidad internacional sin salvaguardas. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase donde la inercia de los hechos consumados supera a la voluntad de los líderes de contenerlos.


Si la operación "Furia Épica" no logra trascender su actual estado de resonancia vacía, el costo no será solo una tregua rota, sino la reconfiguración violenta y permanente de la jerarquía global, donde el silencio que sigue al eco será llenado por un conflicto de proporciones difíciles de calcular.


Leonardo Quijarro S.

Profesor Residente Academia de Guerra Naval

Docente Investigador del Centro de Estudios Navales y Marítimos (CENAM)

Senior Fellow en Miami Strategic Intelligence Institute

Contraalmirante (R)




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