Cada año, cuando el reloj marca la hora señalada, millones de personas alrededor del mundo apagan sus luces durante sesenta minutos. No es un gesto simbólico vacío; es una declaración colectiva de conciencia. En Chile, sumarnos a la Hora del Planeta 2026 no solo representa un acto ambiental, sino también una oportunidad para reflexionar sobre nuestro modelo de desarrollo y nuestra responsabilidad individual.
Vivimos en un país profundamente impactado por el cambio climático. Desde la megasequía que afecta la zona central hasta el retroceso de los glaciares y los incendios forestales cada vez más intensos, la evidencia ya no es teórica: es cotidiana. En este contexto, apagar la luz por una hora puede parecer insuficiente frente a desafíos estructurales. Sin embargo, su verdadero valor radica en algo más potente: la capacidad de movilizar conciencia y generar cambios culturales.
La Hora del Planeta no busca resolver el problema energético en 60 minutos. Busca instalar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué estamos dispuestos a cambiar en nuestra vida diaria? Porque la transición hacia un país más sostenible no depende únicamente de políticas públicas o grandes inversiones, sino también de decisiones cotidianas: reducir el consumo, optar por energías limpias, repensar nuestros hábitos de transporte y consumo.
En Chile, donde el debate sobre sostenibilidad avanza pero aún enfrenta brechas, esta instancia adquiere un valor estratégico. Es una puerta de entrada para que hogares, empresas, instituciones educativas y municipios se involucren activamente. Es, además, una herramienta pedagógica poderosa, especialmente para las nuevas generaciones, que ya comprenden que el desarrollo económico no puede seguir desligado del equilibrio ambiental.
Participar es simple: apagar las luces no esenciales durante una hora. Pero el desafío real comienza después. ¿Qué hacemos cuando se vuelven a encender? Esa es la pregunta que define el impacto de esta iniciativa. Si la Hora del Planeta logra convertirse en un punto de inflexión —aunque sea pequeño, en la conducta de las personas, entonces su efecto se multiplica exponencialmente.
Chile tiene el potencial de liderar en energías renovables y sostenibilidad en la región. Pero ese liderazgo no se construye solo desde la tecnología o la inversión; también se construye desde la ciudadanía. Y en ese sentido, cada gesto cuenta.
Este 2026, más que apagar una luz, encendamos una conciencia. Porque el futuro no se define en grandes discursos, sino en pequeñas decisiones repetidas millones de veces. Y esta es una de ellas.
Dr. Francisco Javier González Puebla
Director Carreras Administración
CFT-IP Santo Tomas – Viña del Mar