​Con mirada de futuro

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Luis Riveros ok



El diagnóstico está claro: más allá de eufemismos y sesgos, el país tiene un problema económico fundamental que compromete su futuro y debe de ser abordado con prontitud. El desempleo se mantiene en niveles inaceptablemente altos, y con ello se condena a miles de familias a una vida de escasez y de ausencia de oportunidades. Junto con ello, y como factor que dinamiza esa situación, el crecimiento económico se mantiene a niveles muy bajos, lo cual hace mirar con nostalgia aquellos años en que el país crecía a tasas que permitían avizorar un horizonte de la mayor realización económica en toda nuestra historia. La inversión se mantiene actualmente a niveles reducidos, impidiendo el poder alcanzar una mayor capacidad productiva y de generación de empleos. Eso hace también observar con nostalgia aquellos años en que existía un sistema tributario que alentaba la reinversión de las ganancias haciendo ver como posible un horizonte de desarrollo económico sostenible. La situación que actualmente prevalece es insostenible porque está ahogando la capacidad productiva del país, así también perjudicando a los más pobres. A todo se suma el serio problema de una productividad del trabajo que se mantiene estancada y a niveles poco satisfactorios y de un presupuesto fiscal agotado frente a la existencia de múltiples necesidades.


El gobierno ha enviado al Congreso un proyecto de ley denominado de Reconstrucción Nacional, el cual intenta restaurar las condiciones para obtener un crecimiento equilibrado, aún en presencia de una crisis en materia de comercio exterior y de profundo déficit fiscal. Tal proyecto parte de la base que debe generarse condiciones para recuperar la inversión y permitir un crecimiento que el país necesita. Para ello, se plantea una reforma tributaria que plantea reducir el impuesto que deben pagar las empresas para así estimular la inversión, lo cual debe consultar un espacio de tiempo suficientemente amplio para observar resultados en materia de crecimiento del producto y del empleo. No se trata de un “regalo” para los más ricos, puesto que aún los beneficiarios deberían pagar los impuestos correspondientes a sus mayores ingresos, si los resultados financieros no son reinvertidos. Sin lugar a dudas se trata de una apuesta compleja que requiere cuidadosa y urgente discusión que resulta vital para los destinos del país en la próxima década. No existe proyecto alternativo frente a esto, puesto que el país se encuentra en una crisis fiscal que envuelve una significativa deuda externa y la existencia de bolsones de gasto que ameritan cuidadoso rediseño. Esta situación, delicada como es, es la que intenta abordar el proyecto de reconstrucción nacional.


Naturalmente esto demanda una discusión profunda y transparente en el Congreso. A eso no ayuda la actitud que se ha conocido por parte de actores políticos en torno a obstaculizar el proyecto por medio de un verdadero “tsunami de indicaciones”. Cuando se discutió hace algunos años la reforma tributaria impulsada por Hacienda, se tuvo en vista la necesidad de país para encontrar una salida que efectivamente pudiese aumentar la recaudación para así promover inversión y crecimiento. Por eso se avanzaron acuerdos que permitieron concretar ese proyecto el cual, infortunadamente no tuvo el éxito que se había anunciado. Posiblemente se requirió mayor discusión sobre los fundamentos del diseño planteado, pero hubo una actitud propia de una democracia sólida que dio lugar a la discusión y a la mejora, dentro de lo posible. Eso es precisamente lo que se precisa hoy en día, más allá de los slogans y la desconfianza. El país espera una discusión transparente y propositiva, en busca de acuerdos trascendentales que no den triunfo a ningún bando en lo específico, sino al país y su futuro.


Todo proyecto de ley es siempre mejorable, aun sujeto a la complejidad de los temas y a las previsiones de largo plazo. Ahí es donde debe existir talento y patriotismo por parte de los actores políticos, alejados de las controversias cortoplacista y la búsqueda de posicionamientos fáciles de lograr por la vía de slogans. Ese es el llamado que la ciudadanía levanta ante el Congreso para acordar el mejor proyecto posible para el Chile de hoy frente a sus tribulaciones.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

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