Emprender en Chile nunca ha sido fácil. Pero emprender siendo mujer es distinto. No mejor ni peor: distinto. Porque muchas veces no parte desde una idea innovadora o un plan de negocios soñado, sino desde una urgencia concreta: sostener el hogar, generar ingresos propios y compatibilizar el trabajo con las labores de cuidado.
Las cifras lo confirman. Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2023, 3 de cada 10 emprendimientos en Chile son liderados por mujeres. Detrás de ese número hay realidades diversas, pero un patrón se repite: la mayoría lidera micro o pequeños emprendimientos, con menor acceso a financiamiento, formación y redes de apoyo que los hombres.
En el trabajo cotidiano que realizamos en Fundación Banigualdad, vemos esta diferencia todos los días. Mujeres que venden desde sus casas, ferias o pequeños locales; que hacen de todo a la vez —producen, venden, administran y cuidan— y que, aun así, logran sostener a sus familias con un esfuerzo enorme y silencioso. No emprenden para crecer rápido ni para escalar, sino para que alcance: para pagar cuentas, comprar mercadería, asegurar la comida y que los hijos puedan estudiar.
Emprender siendo mujer implica, muchas veces, hacerlo en medio de duelos, enfermedades, crianza y cuidado de otros. Implica empezar sin capital, sin respaldo bancario y con poco margen para equivocarse. Por eso, cuando una emprendedora logra ordenar su negocio, pagarse un sueldo o proyectar estabilidad, el impacto va mucho más allá del ingreso: es autonomía, es dignidad, es tranquilidad.
Hablar de emprendimiento femenino no puede quedarse en discursos inspiradores. Si realmente queremos avanzar en igualdad, tenemos que mirar el emprendimiento como lo que es para miles de mujeres: una estrategia de sobrevivencia y, al mismo tiempo, una oportunidad real de autonomía económica.
Desde nuestra experiencia, sabemos que el financiamiento es importante, pero no suficiente. La formación, el acompañamiento y la confianza son claves para que los emprendimientos se sostengan en el tiempo. Porque cuando una mujer fortalece su emprendimiento, no solo mejora su ingreso: mejora su capacidad de decidir, de proyectarse y de sostener su hogar con mayor seguridad.
Emprender siendo mujer en Chile no es lo mismo. Reconocerlo es comprender la realidad. Y solo desde ahí podremos construir apoyos más justos, políticas más efectivas y un ecosistema que de verdad entienda que la autonomía económica es una condición básica para la igualdad. Y en Fundación Banigualdad llevamos más de 20 años trabajando para que esto suceda, para que las mujeres de nuestro país continúen soñando y cumpliendo sus metas.
Héctor Feeley,
Gerente General de Fundación Banigualdad.